Ni periodista ni español, hoy no quiero ser

Estupefacta me voy quedando ante la prensa de hoy. No es el adjetivo que más me pega en estos momentos, más bien me siento como Michael Douglas en UN DÍA DE FURIA y eso que todavía son las once de la mañana. Pero la incomprensión, la sorpresa, la indignación, la mala leche y la decepción, entre otras muchas cosas, me paraliza la mente y el cuerpo.

Sé que no va a ser una entrada fiel a lo que estoy sintiendo, pero necesitaba descargar algo de la furia que amenaza con salirme por los poros. Sé que hoy sudaré rabia porque respiro indignación desde que he encendido la radio y he abierto el periódico que alguien ha dejado sobre la mesa del salón.

Acudo a las fuentes y todavía me sorprende más que esta españa (sí, con minúsculas, porque hoy no puede ser más pequeña e insignificante) todavía me estremezca tanto, todavía, tantos años después, nos duele a muchos.

Abuela, sé que no quieres que me meta en ningún lío ni que lo que me cuentas haga que tu odio se convierta en mi odio. Pero lo de hoy estoy segura de que hasta a ti te está revolviendo el desayuno y los puntos de la manta que nos estés haciendo. No estoy muy segura de saber lo que es el odio, pero tengo claro que hoy más que nunca no quiero pertenecer a ningún lugar ni a ninguna profesión. Sólo me gustaría saber qué pasa por la cabeza de tantos y tantos que parecen olvidar que hubo muertos que todavía no se sabe dónde están.

Sé que quieres que olvide y que luche por mi propio futuro, pero me habéis hecho como soy y sufro las injusticias que provienen de vuestro dolor. Que no fue hace tanto tiempo y hoy, parece que nunca pasó.

No es por Garzón, es por todos los que han sufrido y siguen sufriendo lo que de otros países tanto nos quejamos. No quiero poner titulares aquí, porque esto no es más que una reflexión absurda de alguien que cada vez entiende menos de nada de lo que ocurre a su alrededor. Pero sólo tienen que abrir cualquier periódico, nacional y extranjero, para darse cuenta de la situación.

SI alguien entiende algo de lo que ocurre, que me lo explique, por favor, porque hoy sólo entiendo que estoy metida en un atasco de despropósitos, con gente que es desacreditada por querer salir de la agobiante presión de los que quieren que todo continúe igual, manejando los hilos cada día menos ocultos del nuevo franquismo que nunca se fue, sino que se mantuvo en la sombra hasta que alguien quiso cortarlos. Y aunque esté lloviendo, las gotas que me mojan son mis propias lágrimas de rabia.

No tengo una metralleta que dispara como Foster, sino estas palabras que se quedarán en nada, pero que hoy me permiten descargar las balas de la perplejidad y la indignación con que me he levantado.

Y eso que todavía no he ido a El Corte Inglés.

F: 4  B: 7

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