Época negra

No lo entiendo. Ya no entiendo absolutamente nada.
Nos engañasteis con la formación, con la universidad, con la idea de que también aprendíamos para nosotros mismos, con la absurda excusa de encontrar un trabajo mejor.
Y fuimos ilusos, yo lo fui, porque os creí. Creí que era verdad que la universidad te aportaba conocimientos reales y verdaderos, con que aprenderíamos lo que la vida nos podía ofrecer, malo o bueno, con que estaríamos mejor preparados, con que sería mejor para nuestro futuro laboral y personal.
Y no, señores, ya no cuela.
Me he formado, me sigo formando, me sigue interesando todo lo que veo a mi alrededor. Quiero aprender de todo y además, me especializo. Como queréis.
Me he ido al extranjero porque el idioma era imprescindible. Me he arruinado allí porque seguí creyendo vuestras mentiras y vuestras estupideces. Por supuesto que me sirve personalmente, pero no es esto lo que vosotros queréis.
Vosotros queréis que vuelva la esclavitud. Señores, ya ha vuelto, pero ahora los latigazos se llaman nóminas irrisorias, propinas.
Y seguiré rechazando trabajos en los que se me diga que todo mi currículo (ese que formé porque os creí) sólo sirve para un puesto de becario a 300 euros brutos las 24 horas. Y aún os tengo que dar las gracias por darme la oportunidad de mi vida. O por haber conseguido que nos pagaran una propina cuando hace tres años pagabais un sueldo.

Porque el trabajo va a ser el mismo, ¿verdad?, el esfuerzo que me exigiréis va a ser el mismo, ¿verdad?, las horas que tendré que estar serán las mismas, ¿verdad?. Pero os sacáis la excusa de la crisis para “hacernos un favor”, para hacernos creer que somos peores que vosotros o somos idiotas y nos vamos a tragar lo que nos digan.
No señores, a lo mejor soy yo la única que se niega y sé perfectamente que con la dignidad no se paga el alquiler y que los currículums brillantes no aportan todas las vitaminas que necesito. Y sé que detrás de mi irán cientos como yo o incluso mejor preparados para decir a todo que sí, o que incluso os darán las gracias por la oportunidad.
Pero yo no, hoy por lo menos, no. Porque los principios se van cayendo uno tras otro y luego llegará un día en que mi espalda no podrá soportar a los pocos que me queden por la falta de práctica.

Hoy estoy sobradamente preparada, pero me han dicho que soy demasiado mayor. Ayer se me dijo que mi currículo era brillante para un puesto de becario casi sin remunerar.

El país todavía no ha entrado en crisis. No, porque los idiotas de mis compañeros aún se siguen creyendo las mentiras que les decís. Y no sé si algún día se darán cuenta. Si lo hacen, el país se hundirá, porque si ahora hay paro, no me quiero imaginar lo que pasará si todos los borregos que salimos de las facultades con idiomas, dos carreras, cursos especializados, doctorados, másteres en nuevas tecnologías y ganas de pisar el mundo de verdad, se apunten a las listas del INEM.

Soy constante, aplicada, tenaz. Voy por mi tercera carrera, he estado en el extranjero para mejorar mi nivel de idiomas, para ver otras culturas y poder ponerlas en práctica aquí. Tengo todo lo que me pedíais y aún así, hoy me iré a la cama pensando que no ha servido para nada y que, además, ya soy demasiado vieja.

¿QUÉ MÁS QUERÉIS DE MÍ?

F: 4  B: 7

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS // ALICE IN WONDERLAND

Recuerdo cuando cumplí 8 años. Los que hacen de mis padrinos me trajeron un paquete grande, rectangular, lleno de poderosas expectativas. Recuerdo que traté de imaginar qué sería mientras iba desenvolviendo el papel. No podía ser un helicóptero, estaba claro, pero era también obvio que tenía que ser un regalo genial.
El papel envolvía una caja y el segundo que tardé de más en abrirla me supo mejor que cualquier tarta que hubiera en la mesa. Pero, como una porción de chocolate amargo, la realidad me enfrentó con un regalo que nunca quise ni aprecié. Y sigo sin hacerlo. Creo que el regalo todavía sigue en la caja y ésta… en cualquier parte, eso sí, desterrada de mi memoria para siempre.

Esta extensa divagación me viene estupendamente para clasificar la película que vi este pasado domingo.
Hace un año que descubrí que Tim Burton preparaba ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS y temblé de emoción al sentir ya su magia en una historia que tan hecha para él parecía.
Hasta planeé un viaje a Londres para ver el estreno. Menos mal que las circunstancias monetarias me lo impidieron, porque aún me duelen los 10 euros que pagué por ver la película en un supuesto 3D.

Partimos de la base de que la cinta no se ciñe a la Alicia del título, sino que mezcla ambas novelas (ALICIA.. y ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO) sin ningún tipo de estructura. Más bien parecen dos películas o dos cortos unidos por un finísimo hilo conductor que no hizo más que desesperarme por momentos.
Esperando una película oscura, tétrica, con paisajes de pesadilla y personajes de sueño, me encontré con un corta/pega de la cinta de dibujos animados, sin ningún color y sin ningún apunte destacable.
Incluso Danny Elfman me pareció que se repetía y Johnny Depp más sobreactuado que de costumbre, si es que eso es posible. Pero ni siquiera en un papel tan excesivo como el del Sombrerero Loco me creí nada de lo que me contaba.

Sé lo que cuesta hacer un cortometraje, por lo que siempre intento buscar algo bueno de cada película que veo, pero… me está costando mucho rascar algo memorable de una película que tantas expectativas me creó. Quizá fue por eso precisamente y en realidad la cinta no es tan ¿plana? ¿aburrida? ¿sin sentido? ¿plana, again? como yo la siento.
Quizá que el 3D no era tal 3D o que Tim Burton era más Disney que Burton o que hacía mucho que no veía una película doblada y todavía me pareció más atroz, el caso es que aún voy descubriendo matices sosos e innecesarios, dos días después.

Bueno, aceptamos que la reina roja se salva por momentos y que cuando sea mayor tendré mi propio gato invisible (ah, no, ese ya lo tengo) tan molón como el de la peli. Y que las tortitas de después fueron maravillosamente utilizadas para destripar la cinta sin tapujos, que para eso sirve también el cine social.

F: 4  B: 7

Y la vida sigue sonriendo a mi lado

Me desperezo y trato de levantarme, pero las breves tres horas que he dormido luchan ferozmente contra mi sentido de la responsabilidad. Así que me doy la vuelta y enciendo la radio para intentar volver a dormirme con el murmullo de las ondas. Pero ya está, ya no puedo. Mis ojos se han abierto y mis neuronas ya se han duchado.
Es domingo, un buen día para hacer recopilación del fin de semana.
No he ido al cine, no he tachado ninguna de las tareas que tenía que hacer, no he quedado con mi hermano, no he pasado apuntes, no he estudiado como debería.
Y no me importa. Un coche pita en la calle y llama mi atención matutina. Salgo a la terraza con el pijama todavía puesto, miro hacia el coche y lo veo parado en mitad del semáforo, alguien ha cruzado en rojo y ha tenido que frenar en seco. Desde mi posición privilegiada puedo ver el enfado de la conductora, los gritos y los insultos, las disculpas del viandante, los gestos airados de una y posteriormente del otro, la gente que se acumula a su alrededor y yo me apoyo en la barandilla para contemplar sin miramientos y más cómodamente el espectáculo que se despliega a mis pies.
Mi mente rememora un brindis, muchas risas, un juego suizo, una fondue belga, un bar con música de los 80 y otro con música typical spanish, chucherías, una casa enorme y dos horas para volver a casa, confundirme de autobús y descubrir que la calle de al lado es infinitamente larga, más risas, buenos planes para la semana que viene, un vermú, o dos, muchos platos de comida y un muffin gigante de chocolate. Varias imágenes más me cruzan la mente mientras continúo riéndome de la chica atacada del coche y el viandante que todavía sigue allí discutiendo. Me hace mucha gracia descubrir qué formas más distintas tenemos de ver la vida; ellos en un lado del ring, yo en el opuesto.

Arranca el coche, yo me siento en el sofá, hoy va a llover, voy a felicitar a mi cuñada en breve, veré a mi hermano, haré por fuerza todas las tareas que tengo apuntadas porque todas son para mañana, comeré con unas amigas mientras redactamos noticias, no dormiré porque seguramente terminemos el periódico a diez minutos de presentarlo. Pero seguro que seguiré sonriendo. Quizá, sólo quizá, no es la vida la que me sonríe, sino que yo soy la vida.

F: 4  B: 7

PS: Como pensaba, son las cinco de la mañana, no he dormido casi nada desde el jueves y no sé cuándo lo haré. Pero mañana comenzará una semana de buenos planes y mejores intenciones y alguien me sonríe por encima de la pantalla. No, es mi propio reflejo cuando apague el ordenador.

LA NANA

Tiene mal carácter, no sonríe casi nunca, es arisca y mal educada y en cambio, la comprendes, te identificas, la perdonas, la quieres.
No se puede decir tanto con tan poco. Tan poco diálogo, tan poca expresión, o quizá precisamente por eso el sentimiento que despide es tan poderoso.
Frágil y descarada, buscando un refugio sin abrir sus puertas, queriendo querer sin que se note.
La casa es su mundo y nos adentramos en él como unos señoritos más, como para los que ella trabaja. Pero con cierto privilegio. Porque comprobamos que, efectivamente, la casa en la que sirve se ha convertido en su vida. En ella siente, padece, sufre, quiere, manda, es mandada.
Desde el portal no entendemos sus razones, pero vamos descubriéndolas, aceptándolas, comprendiéndolas, a medida que avanzamos por su pasillo o subimos las escaleras con ella y con su dolor, o vemos la tele desde su perspectiva, o le ayudamos a limpiar el baño con el que exterioriza su miedo al desconocido.

La casa le exprime, pero le hace importante a partes iguales. Es querida y repudiada, incomprendida y halagada. Contrastes que acumula en su día a día, personal y laboral, pero que no logra que sea suficiente para dejar de vivir a través de los demás. Y elementos tan aparentemente anodinos como un espejo, una máscara de gorila o unos cascos se vuelven imprescindibles para hacer que la nana consiga sentirse importante también dentro de su propia vida.

F: 4  B: 7

FANTASTIC MR. FOX

Deliciosa película, de las que necesito de vez en cuando para reencontrarme con el cine. Pero esta vez, el cine con mayúsculas. Y vaya si me he reencontrado con él.
Con el cine, con la animación, con la definición de unos personajes tan zorros que parecen humanos y tan humanos que parecen zorros; con una banda sonora que no le podría ir mejor y que no podría atraparme más; con una historia ágil, llena de sarcasmo, humor, y con ese poso de mala leche que sólo Roald Dahl aportaba a todos sus cuentos, para niños y no, si es que el autor británico realmente escribía para niños.

Y si una historia tan poco convencional sólo podía salir de una mente tan poco convencional, estaba claro que llevarla a la gran pantalla sólo podía ser obra de otro autor fuera de lo común. Creo que Wes Anderson ha conseguido sacarle todo el partido posible, adaptándolo a una animación acertadísima, entre lo rudimentario y lo vertiginoso, entre el pasado y el presente de la técnica animada. Con momentos que parecían los mismos dibujos sacados del texto original, pero con esos otros momentos llenos de acción y movimientos reales que te hacían olvidar si los personajes era animales o no. Además, ¿qué importaba eso?

Te sientes identificado de igual forma, o con Mr. Fox por su afán de ser mejor, con mejor estatus social, pero sin poder escapar de lo que realmente es; su mujer, la que sufre en silencio, y no tanto, y la que tiene la fuerza suficiente para sacar a todos adelante; el hijo ninguneado y eternamente comparado con su primo, que tampoco es tan perfecto. Los vecinos, ayudantes y demás fauna que rodea a Mr. Fox, a quienes utiliza y de quienes depende, a partes iguales.

Una visión tan crítica como acertada de cómo la sociedad nos condena y nos atrapa, impidiendo convertirnos o demostrar lo que realmente somos. Aunque con diferencias con el libro, la esencia y la moraleja se mantienen.

Del inigualable Roald Dahl, del que todavía recuerdo párrafos enteros de libros tan poco para niños como LAS BRUJAS (mi primer libro de verdad, muy pronto, quizá demasiado), MATILDA, DANNY EL  CAMPEÓN DEL MUNDO, RELATOS DE LO INESPERADO, HISTORIAS EXTRAORDINARIAS o LOS CRETINOS, me encuentro con esta adaptación que me ha hecho reír a carcajadas, afianzar mi defensa de la versión original, pasar un rato fantástico y no poder despegarme del toque personal de Mr. Fox, posiblemente, para los restos.

F: 4  B: 7

Libertad

Es una palabra fácil de decir, aunque termine en esa “d” que se convierte en “z” la mayoría de las veces, o en “t” si conservas un cierto deje catalán.
Pero lo mejor de la palabra es lo que implica. Sólo con pronunciarla ya se siente uno más libre, mejor.

Hoy experimento la libertad y dan ganas de quedarse con ella todo el tiempo que se pueda. Por lo menos, creo que yo la conservaré un día más.

Y es absurdo porque no hago absolutamente diferente a cuando no la sentía tan cerca. Bueno, quizá sí, pero tampoco exageradamente.
Una mañana de sábado que utilizo en irme al parque, acordarme de lo bonita que es la primavera entre estornudo y estornudo, volver a casa, vagabundear en ella, dejar que el viento abra y cierre las ventanas a su entojo, ordenar los libros de las estanterías, salir a tomar el té a la terraza soleda, poner a Wagner como si estuviera en una discoteca…
Puedo hacer prácticamente todo lo que he hecho, pero la sensación no es la misma. Y me encanta compartir risas y cenas con mis compañeras de piso, pero igual es la edad que me está haciendo más asocial si es eso posible.

Pero mascar la libertad de estar sola en mi casa durante un fin de semana se tiene que disfrutar a tope. Porque es esa clase de placeres que dura poquito, mañana ya es domingo y volveré a cenar en la misma mesa que he utilizado hoy, volveré a dejar las puertas y las ventanas abiertas, volveré a poner Wagner a todo volumen, volveré a ordenar los libros y a disfrutar del sol de la terraza mientras leo y me bebo el té de sobremesa…
Pero hay algo que no será lo mismo. No sabría definir bien qué es, es algo que se siente.
Así que compartiré una cena esta noche con una amiga y después brindaré con té con Libertad en la terraza, que mañana ya es domingo y la libertad será condicional.

F: 4  B: 7