Libertad

Es una palabra fácil de decir, aunque termine en esa “d” que se convierte en “z” la mayoría de las veces, o en “t” si conservas un cierto deje catalán.
Pero lo mejor de la palabra es lo que implica. Sólo con pronunciarla ya se siente uno más libre, mejor.

Hoy experimento la libertad y dan ganas de quedarse con ella todo el tiempo que se pueda. Por lo menos, creo que yo la conservaré un día más.

Y es absurdo porque no hago absolutamente diferente a cuando no la sentía tan cerca. Bueno, quizá sí, pero tampoco exageradamente.
Una mañana de sábado que utilizo en irme al parque, acordarme de lo bonita que es la primavera entre estornudo y estornudo, volver a casa, vagabundear en ella, dejar que el viento abra y cierre las ventanas a su entojo, ordenar los libros de las estanterías, salir a tomar el té a la terraza soleda, poner a Wagner como si estuviera en una discoteca…
Puedo hacer prácticamente todo lo que he hecho, pero la sensación no es la misma. Y me encanta compartir risas y cenas con mis compañeras de piso, pero igual es la edad que me está haciendo más asocial si es eso posible.

Pero mascar la libertad de estar sola en mi casa durante un fin de semana se tiene que disfrutar a tope. Porque es esa clase de placeres que dura poquito, mañana ya es domingo y volveré a cenar en la misma mesa que he utilizado hoy, volveré a dejar las puertas y las ventanas abiertas, volveré a poner Wagner a todo volumen, volveré a ordenar los libros y a disfrutar del sol de la terraza mientras leo y me bebo el té de sobremesa…
Pero hay algo que no será lo mismo. No sabría definir bien qué es, es algo que se siente.
Así que compartiré una cena esta noche con una amiga y después brindaré con té con Libertad en la terraza, que mañana ya es domingo y la libertad será condicional.

F: 4  B: 7

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2 comentarios en “Libertad

  1. Anónimo

    Wagner a todo volúmen y una estantería desordenada. Un tecito moro en una tierra desolada con 3 bereberes a mi alrededor fumando una deliciosa sisha de manzana verde. Mientras los camellos mascan con un sonido salival una golosina de Alá sabe qué cosa. Alá o Dios, o el Ojo que todo lo ve pero no te arreglará la vida por mucho que implores, si no pones algo de tu parte, por supuesto. Y el mundo que se detiene en esa pequeña mota de polvo, apenas insignificante, que vuela de un lado a otro de la estantería. Libertad. Libertad atrapada en un segundo, un milímetro o un universo. Libertad efímera como los besos que me dan la libertad. Efímera como la solidez del azúcar que se va diluyendo lentamente en mi te moro. Libertad al fin y al cabo, palabra que empieza y que termina, que como todo hay que aprovechar mientras sale de tu boca. Aspírala en bocanadas inmensas de terribles orgasmos orales.
    Javi. (Me encanta como escribes).

  2. Seguiremos escribiendo mientras haya gente al otro lado para responder.
    Sobre todo si hay comentarios tan sugerentes e inspiradores.
    Y ya tienes una fan de tu escritura también.

    Gracias,

    lml

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