Y la vida sigue sonriendo a mi lado

Me desperezo y trato de levantarme, pero las breves tres horas que he dormido luchan ferozmente contra mi sentido de la responsabilidad. Así que me doy la vuelta y enciendo la radio para intentar volver a dormirme con el murmullo de las ondas. Pero ya está, ya no puedo. Mis ojos se han abierto y mis neuronas ya se han duchado.
Es domingo, un buen día para hacer recopilación del fin de semana.
No he ido al cine, no he tachado ninguna de las tareas que tenía que hacer, no he quedado con mi hermano, no he pasado apuntes, no he estudiado como debería.
Y no me importa. Un coche pita en la calle y llama mi atención matutina. Salgo a la terraza con el pijama todavía puesto, miro hacia el coche y lo veo parado en mitad del semáforo, alguien ha cruzado en rojo y ha tenido que frenar en seco. Desde mi posición privilegiada puedo ver el enfado de la conductora, los gritos y los insultos, las disculpas del viandante, los gestos airados de una y posteriormente del otro, la gente que se acumula a su alrededor y yo me apoyo en la barandilla para contemplar sin miramientos y más cómodamente el espectáculo que se despliega a mis pies.
Mi mente rememora un brindis, muchas risas, un juego suizo, una fondue belga, un bar con música de los 80 y otro con música typical spanish, chucherías, una casa enorme y dos horas para volver a casa, confundirme de autobús y descubrir que la calle de al lado es infinitamente larga, más risas, buenos planes para la semana que viene, un vermú, o dos, muchos platos de comida y un muffin gigante de chocolate. Varias imágenes más me cruzan la mente mientras continúo riéndome de la chica atacada del coche y el viandante que todavía sigue allí discutiendo. Me hace mucha gracia descubrir qué formas más distintas tenemos de ver la vida; ellos en un lado del ring, yo en el opuesto.

Arranca el coche, yo me siento en el sofá, hoy va a llover, voy a felicitar a mi cuñada en breve, veré a mi hermano, haré por fuerza todas las tareas que tengo apuntadas porque todas son para mañana, comeré con unas amigas mientras redactamos noticias, no dormiré porque seguramente terminemos el periódico a diez minutos de presentarlo. Pero seguro que seguiré sonriendo. Quizá, sólo quizá, no es la vida la que me sonríe, sino que yo soy la vida.

F: 4  B: 7

PS: Como pensaba, son las cinco de la mañana, no he dormido casi nada desde el jueves y no sé cuándo lo haré. Pero mañana comenzará una semana de buenos planes y mejores intenciones y alguien me sonríe por encima de la pantalla. No, es mi propio reflejo cuando apague el ordenador.

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