BIENVENIDOS AL NORTE // BIENVENUE CHEZ LES CH’TIS

Una estructura simple nos deja ver una película sin grandes pretensiones. Sin más, ni nada que quitarle, ni nada que ponerle. A pesar de ser uno de los últimos éxitos llegados desde el país vecino y que posiblemente arrasara en su tierra.
Pero no aquí, por lo menos, no en mi caso. No, pero quizá no tanto por la película en sí (o quizá sí, para qué nos vamos a engañar), sino porque la gracia de la cinta radica en una serie de malentendidos entre el francés más institucional y el francés de la zona norte, el ch’ti.

Incomprensibles ambos para quien esto suscribe (pillar una palabra de cada seis es no entender absolutamente nada) la gracia se diluye poco a poco entre chistes de índole gramatical y situaciones matrimoniales con grandes dosis de humor blanco. Aunque sí hubo momentos bastante graciosos cuando me dio por pensar en la versión española de esta película: (un gaditano teniendo que ir a trabajar a un pueblo más que lluvioso y vasco de Gipuzkoa, o yo misma cuando no entendía a mi compañero de clase de Granada, ¿en serio hablábamos el mismo idioma?)

Una película que me dejó sin ningún tipo de sabor de boca, ni bueno ni malo, un ni fú ni fá. Pero sin ninguna connotación negativa. Más que nada porque las diferencias en las que radica el humor y la trama de la película únicamente se notaban al leer unos subtítulos con errores gramaticales y de pronunciación. Como ver películas como L’AUBERGE ESPAGNOL en versión doblada, donde no entiendes qué gracia tiene si todos hablan el mismo idioma, aunque, eso sí, siempre con acentos raros.

Pero tuvo su parte más que graciosa al final del visionado. Sobre todo porque la elección de la película corrió a cargo de dos amigos belgas que, conociendo perfectamente el idioma, se limitaron a sonreir en determinados chistes que hasta yo entendí y a cerrar la velada con un suspiro largo y con cierto tono sarcástico mientras pronunciaban la frase: “franceses, c’est tout”.

F: 4  B: 7

Nyman, sublime

El compositor británico es el elegido para encarar el estudio más tedioso al que me he tenido que enfrentar jamás. Las letras impresas, muchas sin significado aparente, se acumulan en mis ojos, aunque no todas en mi cerebro, lamentablemente. Pero, ¿qué se puede hacer si por mis oídos entran notas que me anulan el juicio, me invaden y toman mis neuronas para poder captarlas mejor?
Mala elección para estudiar, pero la mejor para dejarse llevar un caluroso y tormentoso día de junio. Sólo cerrar los ojos y descubrir que la música se hace sólida, la ves, la miras, la hueles, te toca, te eriza la piel, te atraviesa y te eleva. Si te dejas llevar donde ella quiere, vuelas por encima del bien y del mal, y lo mejor, es que no te importa.

Nyman tiene ese poder, el de no dejarme otra opción que parar lo que esté haciendo y dejarme embriagar por todas sus composiciones. MAN ON WIRE, EL PERDÓN, EL COCINERO, EL LADRÓN, LA MUJER Y SU AMANTE, PROSPERO’S BOOKS, WONDERLAND, incluso EL PIANO (más conocida, pero no la mejor, sin duda) me atrapan, me seducen, me arrastran, me invitan a formar parte de su universo; ese que es por momentos tenso, por momentos frío, por momentos candoroso, pero siempre abrumador, especial, magnífico.

Pero hoy me quedo con MAN ON WIRE, que me devuelve el equilibrio con sus notas punzantes, como en el corte Memorial, con la voz agudísima que te traspasa en su justa medida, para que sientas lo que siente, para que se te clave en la piel, pero sin dolor. 12 minutos de track que no puedes dejar de escuchar ni debes dejar de sentir.

O ese primer minuto de History of the Insipid, con ese solo de oboe al que luego se sumarán, sublime y subliminalmente, el piano, el violín… La más conocida Chasing Sheep me sigue gustando a pesar de las miles de veces que la he escuchado. El ritmo que impone, el crescendo frenético de las cuerdas,  el piano que los coordina a todos y sus leves modificaciones a pesar de la, aparente, repetición de su estructura. Sus cambios de musicalidad, de ritmo. Esas manos que vuelan sobre el teclado ya hacia el final del corte de la versión que ofrece en MAN ON WIRE, y su final que no es más que una vuelta al principio para terminar tan arriba que necesitas unos segundos para reponerte de lo que acaba de pasar por tu cuerpo.

Y pasamos a minuto y medio de A Ramble in St. James’s Park y la magia continúa atravesándote los oídos, rozándote los sentidos, acariciándote el alma, para terminar con Drowning By Number 2, con la que sientes que te estás meciendo sin saber por qué ni por quién. Pero es el violín el que se acurruca en tu oído y te deja sin respiración.

No la necesitas, no mientras escuchas las obras maestras de Michel Nyman. Voy a dejarlo aquí porque tengo que volver a lo que tengo que volver, a mi pesar.

Qué malo eres, amigo, no me dejas estudiar. Y yo que quería ser como tú…

F: 4  B: 7

ESTÓMAGO

La mirada perdida e inocente del protagonista nos conduce por las calles de la prostitución, la cárcel, los celos, el alcohol y las miserias humanas. Todo ello aderezado con romero, tomillo, angostura y gorgonzola.

Nonato, que así se llama el protagonista, nos muestra su cara amable en esa inocencia  que se nubla con el alcohol y los celos, y la rabia se hace patente en las lágrimas rojas que le salpica una botella de vino.

Pero no consigue hacerme entrar en su vida ni en lo que le mueve verdaderamente y para una espectadora que lucha, como el protagonista, por sobrevivir en una sociedad que no entiende, los métodos de Nonato no parecen ser muy útiles en la vida real. Los desequilibrios y los extremos en los que se mueve el prota me impiden llegar a él.

Nuestra curiosidad sube las escaleras que desembocan en un final que ya hueles desde que pones la olla a hervir. Lo notas en el ambiente, en el hervor de las verduras y los saltos de escenario, en su mirada perdida entre los fogones, los presos, las putas y los platos.

Una buena narración, pero que no deja pie a las sorpresas. Y, casi mejor, porque todo lo que no hubiera terminado así, parecería un truco.

Sin sorpresas, ni agradables ni desagradables, las historias paralelas de una sola vida se mezclan y remezclan como los ingredientes de un buen plato. Aunque a veces adolece de cierta pesadez, por la repetición en la receta, se digiere con cierto gusto.

Lo malo es que mi nevera grita de hambre y esta peli, cuanto menos, me ha abierto el apetito.

F: 4  B: 7

De música y letras

El estatus bicolor vuelve a su sitio y qué mejor modo

de festejarlo que combinar música y letras

en una tarde de primavera.

Paco Ibáñez susurra poemas de Blas de Otero y

mi mente imagina esos conciertos clandestinos de la época

franquista mientras mis oídos atrapan esa voz apenas audible

(por la edad, por su naturaleza, por que sí) que sale de su boca.

La guitarra rasgueada, la voz enronquecida y un público entregado.

Los poemas se llevan el resto del aplauso, por emoción

o por descubrimiento.

Y en medio, palabras que desgranan la vida del poeta,

con sutiles anécdotas que no hacen más que acercar al público

hacia su figura, su persona, su obra, su maestría.

Risas, críticas, lágrimas, cantos, aplausos, asentimientos, sonrisas, complicidades, anécdotas, hojas, preguntas, sílabas, notas, Madrid, gritos, calor, biohtza, feria, libros, primavera, poetas, escritores, sigue mi aprendizaje.

F: 4  B: 7

La fuente de la vida

Estamos destinadas a ir de la mano. Yo no puedo acercarme mucho a ti, por miedo, por extrañeza, por torpeza. Tú también desconfías, miras y remiras, pero no te convences, me rehúyes. Quizá por miedo, por extrañeza, pero sé que lo tuyo no es por torpeza. Porque ya eres mucho más grande que yo, ya sabes muchas más cosas que yo.

Me atraes, pero me asustas. Tienes un poder infinito y sólo puedo admirarte por ello.
Tus ojos se enfrentan al mundo sin rencor, sin miedo, sin pleitesía. Sólo con curiosidad y también te admiro por ello. Quiero aprender de tí, de cómo ves el mundo, de cómo lo sientes, de cómo lo descubres, de cómo lo sufres.

Estamos destinadas a ir de la mano, a pesar de mi infantilidad inicial a no querer que así fuera.
Pero se me pasó pronto. No fue tu cara la que me marcó y me obligó a sacurdirme las torpezas, fue la de tu padre la que se clavó mientras él te admiraba.
Sólo por eso ya mereces todo mi aprecio, mi reconocimiento, mis más sinceras disculpas por juzgar antes de tiempo. Un reflejo de tu mirada en la de otros y ya tienes el mundo a tus pies. El mío, por lo menos.
Y ya estamos unidas, desde antes de ser.

Prometo llevarte de la mano, pero no mucho, para que te puedas caer y comprobar lo duro que es el suelo a veces y comprobar después lo blandita que es mi mano al sujetarte. Irás siempre por delante, porque tienes que ser tú la que nos guíe a todos. Yo te seguiré, a distancia, para que no me notes, pero me sientas cerca.
Sólo te pido que me dejes crecer contigo, que me permitas decubrir el mundo a tu lado, para que me lo enseñes tú, para que me guíes por tu perspectiva y aprenda de tu sabiduría innata, natural, pura, sin trampas, perfecta.
Estaré para cuando me necesites, para cuando no necesites a nadie, para cuando quieras alejarte de todos y no sepas ni dónde encontrarte.

No sé si tiene sentido todo esto o lo iremos descifrando poco a poco. Te espero para hacerlo juntas.
Habrá más jeroglíficos, seguro, porque hoy no he llegado a expresar casi nada de todo lo que me inspiras, de lo que me gritas, de lo que me susurras desde esos ojos claros que retan al mundo desde tu atalaya con ruedas. Me vuelvo torpe a tu lado.
Me has devuelto a mi espacio bicolor, ese que te explicaré cuando sientas que todo lo de alrededor se ha vuelto oscuro. Te explicaré que todo es mucho más sencillo y mucho más divertido de lo que la gente se cree, pero se empeñan en verlo de otro modo y tratan de implantártelo. No lo permitiremos. Tú ya lo haces a tu manera, y ya ves que funciona.
No dejaré que pierdas esa capa de inmortalidad que ahora te acompaña.

F: 4  B: 7