LA FAMILIA SAVAGES // THE SAVAGES

Había oído hablar de ella, pero únicamente me sonaba el título y el nombre de los actores. Así que nos adentramos en la sala sin ningún tipo de referencia y sin ninguna idea de lo que nos podíamos encontrar. Me gusta esa sensación de “ceguera” cuando me adentro en una película que tengo ganas de ver. Puede gustarme o no, pero siempre será más sorprendente. Y eso ya cuenta, y mucho, para bien.

Y en este caso, contó, muchísimo, para bien. Dos hermanos que no se hablan desde hace tiempo tienen que unirse para enfrentarse a una situación que les desagrada por igual a ambos: hacerse cargo de su padre con principios de demencia.

La cinta destaca sobre todo por la definición de los personajes. Aunque haya escogido la directora dos especímenes que pueden resultar tan atractivos para la pantalla por sus cualidades opuestas, no por ello dejan de tener esa consistencia que solo ofrece lo que se basa en la realidad y lo que se cimenta en unas interpretaciones magníficas. Tanto Linney como Hoffman nos hacen tan creíbles sus personajes que toda la angustia, la rabia, la emoción, la incomprensión, la ternura, el desconcierto, la impotencia y miles de expresiones más que nos regalan con sus gestos, sus miradas, sus ojos o sus palabras, traspasan la pantalla y nos tocan, en ocasiones (no pocas), profundamente, para quedarse allí (donde sea) mucho rato.

Junto a los personajes, los acontecimientos se nos muestran tan reales que el espectador no puede hacer otra cosa que dejarse llevar por ellos. La angustia de encontrarse con un “regalo” que rompe con sus vidas, penosas o no, pero a las que ya se habían acostumbrado. El factor “padre” cambia su perspectiva de su rutina diaria y pronto se instala la certeza de que la solución fácil y rápida para deshacerse del “muerto” no existe.

Los hermanos tratan de adaptarse a la nueva situación que les supera, pero también el padre ha de habituarse a ellos, después de toda una vida siendo la figura ausente. Tampoco parece mucho más cómoda su situación, consciente de que va a tener que depender de dos personas que le aceptan por ser quien es, pero a quienes ni conoce ni por los que siente especial apego.

En esa situación tan comprometida para los tres protagonistas, las situaciones se desarrollan con naturalidad, con ese cierto grado de comicidad que solo la propia realidad puede otorgar. El absurdo es igual de cotidiano que el drama, y ambos conviven con naturalidad. Algo que también refleja esta película. Todo se muestra al espectador; las pruebas que reflejan la demencia, el egoísmo, la impotencia, la desidia y los enfrentamientos de los hijos, la incapacidad del padre, la crueldad de la burocracia, el agotamiento físico y mental de todos.

La fotografía acentúa todavía más si cabe esa realidad, esas imágenes que golpean al espectador, a veces sutil e imperceptiblemente, otras de forma desgarrada. Y no por la evidente (y exagerada) degeneración del padre, sino por la situación de los hermanos y el padre a quienes todo les abruma y les supera, como seres humanos que son.

Desgarradora como la vida misma.

F: 4  B: 7

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