Gigante Ken Follett, y su última obra

Este caballero galés disfrazado de British con tablas promocionales se dejó caer por España para presentar su último libro. Una pequeña élite pudimos acudir a la explicación de cómo se gestó LA CAÍDA DE LOS GIGANTES.

Eran las cinco y diez, supongo que alguno de los que le custodiaban le diría que en España todo comienza tarde. Apareció entre las sillas del auditorio, siguiendo a Joan Tarrida, director general y editorial de Círculo de Lectores, y a Nuria Tey, editora del escritor. Esta última, tras un breve discurso de presentación, le cedió la palabra.

El autor comenzó agradeciendo a la audiencia la gran acogida y el éxito de público que fue UN MUNDO SIN FIN, su anterior novela. Y, haciendo alarde de una simpatía más bien impropia de escritores famosos, también deseó en voz alta que esta nueva obra siguiera ese camino de éxito.

Lo primero que explicó de LA CAÍDA… es que estaba cansado de la Edad Media. Sus dos últimas obras le habían mantenido viviendo en esa época demasiado tiempo. Necesitaba algo nuevo, no quería repetirse. Así que buscó una nueva historia que le interesase, una nueva época en la que poder sumergirse. Y la encontró en el siglo XX. El mismo autor la definió como “the most exciting and violent period of our time, the century of Human Rights, Freedom, Democracy, Female Rights”. Además, añadió que el siglo XX es el nuestro, el de nuestros padres, el de nuestros abuelos, de donde venimos. “It is our story and our history”.

Después de analizar varias obras de otros autores, se dio cuenta de que todos daban un solo punto de vista. Por esta razón, Follett escribió LA CAÍDA… desde un punto de vista internacional. Así, la trama comienza poco antes de la Primera Guerra Mundial, y se irá desarrollando por distintos países. Pero este solo es el primer volumen, su primer acercamiento. Después vendrán dos más: sobre la Segunda Guerra Mundial, y sobre la Guerra Fría. Como él mismo dijo: “tengo 61 años, si quiero ser ambicioso, ahora es el momento.”

LA CAÍDA DE LOS GIGANTES no tiene un solo protagonista. En él se irán relacionando los diferentes personajes de un siglo convulso. Gente normal y corriente de Alemania, Irlanda, Gran Bretaña o Rusia que vivieron la Gran Guerra. No se trata de un libro de historia al uso, sino que tiene todos los elementos que Ken Follett quería leer en un libro: drama, acción, emoción…

Una presentación breve, pero intensa y teñida de anécdotas que agradeció complacido el público. Para terminar deseó fervientemente que gustara a los presentes.

Después de este breve discurso sobre su nueva creación, comenzó el turno de preguntas. La timidez de los asistentes se quedó a un lado para poder conversar, aunque fuera unos segundos, con el autor más leído del club que organizaba el evento. Muchas de las preguntas fueron realizadas directamente en inglés, cosa que agradeció Follett poniendo más atención a las preguntas. Y el escritor, promocionando su obra y a sí mismo con dotes de verdadero artista, fue contestando una a una todas las cuestiones que se le presentaban.

Para cuándo la segunda parte. En dos años. Qué largo. Qué corto.

Le gustó la versión de televisión. Mucho. Algo que fallara. Quizá la madre es demasiado guapa, y todos los personajes tienen una dentadura hollywoodiense impropia de la Edad Media, pero el trabajo era soberbio.

Dónde escribe. Prefiero en mi biblioteca porque me siento más cómodo escribiendo entre libros; cuando fui periodista me acostumbré a escribir rodeado de gente y con mucho ruido; ahora prefiero el silencio de los libros.

Cómo se planifica la escritura de sus novelas. Paso entre seis meses y un año para buscar lo siguiente que quiero contar. Por qué. No me quiero repetir, sino sorprender a los lectores.

Qué pasos sigue. Escribo un borrador, y se lo enseño a mucha gente: editores, amigos, familia, mis hijos, mi agente; después lo reescribo con todos los comentarios que me han aportado.

Cómo le gustaría ser recordado. Como un gran contador de historias; nunca descanso, soy como un niño, siempre estoy imaginando cosas.

Qué lee Ken Follett. Ahora mismo, la última novela de Isabel Allende. Y en general. Libros de historia, best-sellers, aunque no me siento muy cómodo leyendo sobre dragones y magos.

Le costó mucho tiempo saber qué quería escribir después de LOS PILARES DE LA TIERRA. Sí, porque no me quería repetir y quería hacer algo lo suficientemente bueno; no podía ser que una fuera muy buena y la otra no.

Las preguntas y el tiempo se acababan. Después de varios comentarios jocosos y un gran aplauso, el autor pasó la siguiente hora firmando libros a los presentes.

Después vendría otra tienda y un programa de televisión para promocionar la obra de un autor que sigue teniendo los ojos y la imaginación viva, como un niño al que todo le sorprende.

… y venidas

Me ha durado poco la sensación angustiosa de tener tantas cosas que decir y tan pocas palabras en mi haber.
La vida va poniéndome peldaños, unos con base segura, otros no tanto, para que siga subiendo, o bajando, o yendo hacia delante.
El verano se alarga, o se modifica lo suficiente para que permanezca la esencia, pero todo sea nuevo otra vez.
Otro sitio al que acudir, otras personas que conocer, otros conocimientos que adquirir, otros a los que escuchar, otras actividades que realizar.
Pero con aquella otra mesa que compartí, con aquellas personas que me acompañaron, con esos conocimientos que fui absorbiendo, con esos otros a quienes escuché, con esas actividades que aprendí y que sigo mejorando.
Nuevas y viejas caras que alargan este camino al que llegué por casualidad y que ahora siento que salto de oca en oca. Ahora, me toca.

F: 4  B: 7

En armonía

El pulmón de la ciudad, lo llaman. Yerran, son los dos pulmones, y a veces, el corazón, o la cabeza.

Allí, el ritmo cambia. O veloz, de aquellos que ejercitan sus músculos; o parsimonioso, de quienes buscan integrarse en el pausado movimiento de los árboles, de los patos en el estanque, de los gatos que deambulan acechantes, de la hierba que siempre se levanta tras ser pisada.

Hoy el frío ya se deja notar porque parece excesivo coger una chaqueta más gruesa. El cuerpo todavía anda en temperatura veraniega.

En el estanque, el agua baila en los ojos, mansa y pacíficamente, solo interrumpido su balanceo hipnótico por algún ser que lo habita. Y de forma perezosa se agita un poco para recuperar en seguida su posición inicial. Perfecta armonía.
Los árboles se recortan en el horizonte mientras las farolas le van ganando la partida al sol. El suave y dulce anaranjado del atardecer se torna atroz naranja artificial, restándole esa sensación de placidez que desprende el horizonte y que acuna los sentidos renacidos al contacto con la magia del parque.

El camino de regreso se convierte siempre en un suspiro prolongado que busca volver pronto.
Las primeras hojas caídas crujen bajo los pies mientras caes en la cuenta de que ya no hay niños a estas horas. Pero sí otras almas que le arañan los últimos minutos de ocio al domingo. Sobre dos, tres, cuatro o más ruedas, o sobre unos pies que todavía son libres para pasear por el césped, la tierra o un asfalto con olor a parque.

La última mirada se va hacia el cielo. La luna extiende su lánguida sonrisa cuando se la observa. Y todavía las estrellas tintinean con fuerza, sin rubor, sin ocultarse. Dura apenas unos segundos, lo que se tarda en dejar el parque atrás, y descubrir que te falta el aire porque, ahora que llega el invierno, los pulmones se cierran a las diez.

F: 4 B: 7

Idas…

Un verano lleno de palabras y me quedé sin ellas el último día. Cómo describir con el mísero vocabulario con el que cuento, tantas emociones, tantas sensaciones, tantas risas, canciones, guiños, lecciones, amistades, miradas de complicidad, de angustia, de nervios, tantos momentos, tantas conversaciones…
Prefiero dejar las cosas así, con la esencia que me llenó todo este verano de una ilusión que hasta a mí me sorprendía.
Me llevo todo, eso sí, escondido en un cuaderno mágico que sigue llenándose de letras imaginarias para las que no sirve ni el bolígrafo ni el papel.
Dejo quizá una pequeña huella en una mesa llena de buenos momentos y mejores personas.
Y siento que no haya palabras para decir nada más de algo que fue tan…
Eso, que no hay palabras.

F: 4 B: 7