Tensión, frustración, celebración

Me reservo un par de horas de un día de intensa actividad estudiantil porque Mr. Roger Federer juega la final del Masters de Basilea contra Djokovic.

Toda la mañana sin parar de estudiar, hacer prácticas, tareas y leer, bien valen un descanso en la sobremesa.

A las tres menos diez busco la página web desde donde veo los partidos de tenis. Esto no es fútbol, amigos, así que pocas veces podemos tener este deporte en la televisión. Quedan 10 minutos y el partido no aparece. será cuestión de segundos.

Pero pasan 300 segundos y todavía no aparece nada en mi pantalla. La tensión se asoma por la puerta, pero mi determinación por ver el partido le cierra en las narices y comienzo una frenética búsqueda por todos los canales de televisión europeos y del extrarradio para poder ver el partido íntegro.

Como con el cine, no concibo ver un partido (o una película) cuando las luces ya están apagadas. Tampoco soportaría ver Las Meninas a través de un cristal opaco, a ver si con este símil parezco menos… whatever.

Son las tres, y consigo un canal checo/rumano/georgiano que da el partido. Y este da comienzo.

Pero poco me dura la alegría. Se ve bien mientras los jugadores están sentados o cada uno sin moverse en cada lado de la pista. En cuanto la pelota está en movimiento, la imagen se congela. Y así, no se puede ver un partido de tenis. La tensión se ríe en mi oído, mientras la frustración comienza a florecer.

Nunca había navegado tanto por internet como esta tarde. Páginas de deportes inline, radios y televisiones suizas, alemanas, italianas y hasta coreanas pasan por delante de mis ojos en busca y captura del partido de Federer. Cuando consigo sintonizar algún canal, súbitamente, desaparece por estar denunciado por pirateo.

La frustración me atrapa ya en su red y solo me queda una opción, suicida, pero no hay otra. Seguir el resultado, sin ver el partido, en uno de esos marcadores en directo. ¿Quién puede ver un partido de tenis así? Pues dos locos con carné que comparten frustración, agonía y nerviosismo por un partido que deseaban desde hacía tiempo y que los medios de comunicación (tan prolíficos ellos cuando quieren) les han negado.

Si sufro viendo los partidos, mi grado de nerviosismo no viéndolo se ha incrementado por mil. La tableta que estaba casi entera, cae prácticamente toda.

Pero me queda un regusto dulce cuando veo que el marcador se decide hacia el campeón de campeones, el Maestro, ÉL.

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