Detenida por correr

El día ha empezado bien. Madrugando un poco para hacer un par de fotos que me faltaban para clase, pero con la alegría que da encontrarte a dos pajarillos en la barandilla de tu terraza. Además, no había mucha niebla, así que iba a poder ver el sol entrar por mi ventana.

Las clases, en su punto, pero tenía en la cabeza el examen de las cinco de la tarde y en muchos momentos mi cabeza se iba hacia los apuntes. Tampoco mucho, lo reconozco, más bien se iba hacia el ordenador de mi habitación, esperándome para empezar a ver The Wire y continuar con Deadwood.

Pero lo primero era lo primero y la mañana se iba terminando por momentos, la tarde estaba a punto de empezar y con ella la carrera hacia Getafe, el examen exprés y la vuelta al Máster para intentar hacer una práctica, también exprés.

Pero el destino ha querido hacerme pasar un mal rato entre la tranquila mañana y la agitada tarde. Mi ruta: Máster, autobús 146 hasta Gran Vía, paseo hasta Sol, tren hasta Getafe, examen. Todo correcto hasta que se me ocurre la brillante idea de bajar corriendo la calle Montera.

¡¡¡¡ERROR!!!!

Casi al final, sale de las sombras un tipo alto, fuerte, uniformado y con cara de mala leche. Como en los dibujos animados mis pies paran atropelladamente a escasos centímetros de su brazo -recuerdo: alto, fuerte, uniformado, mala leche-

“¿Dónde vas tan corriendo?”- pregunta.

“Al tren”- respuesta.

“Sí, ya”- contra respuesta.

Mi ceño se ha fruncido mientras subía una de mis cejas. “Pues sí, al tren”- reconfirmación estúpida.

“A ver, enséñame la mochila” -orden.

“¿Por? llevo las cosas de clase”- respuesta dos.

“Sí, ya”- esto ya lo he oído – “a ver, enséñamelo”.

“Eh, ¿por qué?”- pregunta, esta sí que era estúpida, mi gran bocaza a veces… pero no lo he hecho con mala intención, de verdad, y he sido respetuosa; solo ha sido curiosidad.

“Porque te lo digo yo”- respuesta inclasificable que termina con cualquier tipo de curiosidad que se ponga por delante y con cualquier tipo de contraargumentación. Aún así:

“Pero que es la mochila de clase”- yo sin aprender a callarme.

“Pues venga, me lo enseñas ahí dentro” – y el brazo alto, fuerte, uniformado y con cara de mala leche me señala el interior de una comisaría.

No hago ni digo más tonterías porque esto tiene pinta de ir en serio, a pesar de mi incredulidad, así que entro en el sitio ese llamado comisaría de la calle Montera. Y ahí estoy, abriendo la mochila, señalando mis mandarinas, mis bolis, mi estuche para el cepillo de dientes, mi cuaderno de Bob Esponja… Y el tipo miraba mis cosas y seguía preguntándome:

“¿De dónde vienes?”

“Del autobús”

“¿Seguro?”

Y aquí mi diplomacia se ha ido de vacaciones un rato. Mis narices no se han hinchado, pero mi ceja ha subido hasta el infinito y más allá. El tipo empezaba ahora a sacar cosas de la mochila, así que le he ayudado un poco.

“Mira, llevo mandarinas (y las he sacado), un periódico (y se lo he mostrado, pero no se lo he ofrecido por si me acusaba de soborno o algo así), y estos son los bolis, el cuaderno, el cepillo de dientes, la crema de dientes”.

“Vale, vale”.

Recojo mis cosas y me dice:

“¿Y el abrigo? A ver, ¿qué llevas en los bolsillos?”

Me lo ha hecho quitar, he sacado los guantes, se los he puesto en la mesa -primero uno, después el otro, despacito-, he sacado el pañuelo ensangrentado de esta mañana, también se lo he dejado en la mesa y le he sonreído al terminar -sí, ya he dicho que estaba más borde de lo normal-.

Parece que ya se ha convencido y me vuelve a decir:

“Vale, vale (locuaz el tipo alto, fuerte, uniformado y con cara de mala leche, eh?) ya puedes recoger tus cosas” y cuando ya estoy en la puerta aún me grita: “Pero no vayas corriendo por ahí”.

Quince minutos de retención policial.

Menos mal que este blog no lo conoce Mariluz o ya me veo comentarios a lo “Algo hice mal”. Sí, mum, enseñarme a correr. Pero tranquila, he llegado al examen, lo he hecho, he vuelto al Máster, he hecho la práctica, y he llegado a casa sana y salva. Y sin antecedentes policiales.

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4 comentarios en “Detenida por correr

  1. Impresionante que los policías no tengan otra cosa que hacer que pensar que todo el mundo es un ratero.
    Y con esa prepotencia de quien se cree que en el uniforme lleva la verdad absoluta.
    En apenas cinco minutos pasé de la sorpresa a la indignación, de la frustración a la incomprensión, del enfado al incredulismo, de la mala leche a la ironía y al sarcasmo.
    Correr para creer.

    lml

  2. aikugur@hotmail.com

    Hace muy un compañero de trabajo me comentó cómo se debe actuar en estas situaciones. Siempre hay que dirigirse al agente comenzando por estas palabras: “Tiene usted razón…”. Así el tío reafirma su ego, se siente el rey del mundo y como eso es todo lo que pretende te deja marchar rápido. O sea, que si sabes mantener la cabeza fría, otro día le dices: “Tiene usted razón agente, estaba corriendo sospechosamente rápido. Es un error que jamás volveré a cometer. Y ahora si me disculpa… ¡váyase a tomar por culo!”. Según la recomendación de mi amigo debería funcionar, ¿no?

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