CISNE NEGRO // BLACK SWAN

Aronofsky ostenta, dentro de mi cultura cinematográfica, el título honorífico de ser el primero -después llegaría Haneke- que me ha hecho sentir náuseas con sus películas. Ni siquiera la trilogía de Saw me hizo sentirme tan absolutamente destrozada psicológica y físicamente como algunas de sus obras. Primero fue Pi, después Réquiem. En ambas sentí la necesidad de parar la película para tomar aliento, despejarme, salir de la película, o hubiera acabado con un taladro metido en la cabeza para aliviar la migraña que me venía de la pantalla, o alargando la mano para coger lo que fuera que se metieran en Réquiem.

Hoy, con todo el cuerpo y la mente preparada me he metido a ver Black Swan. Y sin llegar a los extremos de las otras dos, reconozco que el estómago se me encogía por momentos. La música -Mansell logra que Tchaikovski me ponga los pelos de punta, con lo que me gusta(ba) a mí- y los efectos de sonido muy bien elegidos me han hecho pasar más de un buen/mal rato.
También la fotografía, el juego de luces y el grano tan evidente convertían la historia en una auténtica pesadilla.

Todos los personajes, con ese lado oscuro que solo la protagonista es capaz de ver tan acusado, giran en torno a Portman que aguanta los primeros planos con una soltura envidiable, los cambios de humor con una perfecta sincronía con la música y soporta su propia paranoia con una fragilidad/agresividad estupenda.

Las escenas más oscuras -o rojas- las he podido llevar con cierta elegancia, pero no la presión psicológica que la propia Nina se autoimpone. La subyugación a una madre fracasada que no quiere lo mejor para su hija y esa fragilidad de la que todos quieren sacar provecho es mucho más salvaje y sangrienta que las uñas que se rompen, los sarpullidos que se irritan, las limas que se clavan o los cristales que cortan. Que también -tengo que reconocerlo- me han hecho taparme los ojos en más de una ocasión.

me pareció que sobraban argumentos para mostrar la fragilidad de Nina. Tantos temas como la represión sexual, las alucinaciones pictóricas y de todos los tipos, no eran necesarias para que sintiéramos la angustia y la claustrofobia de la protagonista.

Aún así, sin arrancarme del todo el corazón y el estómago, con más frialdad y menos garra que en otras ocasiones, sin llegar hasta el punto más intenso -quizá me estoy volviendo mayor/inmune?-, pero me ha gustado de nuevo el viejo Darren.

F: 4  B: 7

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