Recordando Hamburgo

Me pongo hoy a recordar que hace más de un año viajaba por Europa sin más preocupación que saber en qué albergue iba a pasar la noche siguiente. Grandes momentos que el viaje a Bruselas me ha puesto otra vez en la memoria.

Crónica alemana:
Como la película de la que hablamos, puedo definir el viaje a Hamburgo como una experiencia extraña, bizarra, cómica y colorista.
Ya tenía idea de ir a visitar Alemania desde hace un par de semanas, pero Dinamarca me está dejando en la ruina y el tren, aunque muy cómodo, resulta bastante caro. Así que fui ideando nuevos destinos hasta que me topé con un trébol de cuatro hojas en forma de “gente que comparte coche para minimizar los gastos del viaje”. No sé si es práctica habitual en España, pero nunca antes lo había experimentado. A través de una página web descubrí que había un tipo de Århus que iba a Hamburgo por negocios. Esto era un miércoles y decidí ponerme en contacto con él. Me dijo que sí, que iría a Hamburgo al día siguiente. Le pregunté cuánto pedía, me pareció bien y quedamos para el día siguiente. Mi viaje a Alemania empezaba 12 horas más tarde. Llamé a una amiga para que se viniera conmigo, aceptó y a su vez llamó a otra amiga que también aceptó. Nada como los planes no planificados.

El viaje resultó cómodo, el tipo era simpático y aunque con un marcado acento alemán, resultó agradable. Nunca antes había experimentado la sensación de ir por una autopista a 180 kilómetros por hora y resultó más segura de lo que pensaba (en Alemania no tienen límites de velocidad y tienen muchos menos accidentes de tráfico que nosotros…). Llegamos a Hamburgo y nos despedimos del conductor hasta dos días más tarde.

Debíamos ir a uno de los hoteles que había mirado la noche anterior, pero suelo olvidar apuntar datos tan importantes como nombres de calles, así que nos dirigimos al primer hotel de la lista del que sólo sabía el nombre y el barrio: St. Pauli. Lo que tienen estos viajes sin planificar es que no puedes informarte de muchas cosas. Sólo vi que este barrio aparecía en los “lugares que debes visitar si vas a…” así que me pareció buena idea instalarnos allí. Y desde luego que lo fue. Hostel para estudiantnes situado en el “barrio rojo” hamburguiano. Barrio pintoresco donde los haya, donde todas las tiendas y negocios eran bares, erotic shows and things like that.
Mi amiga (y que creo que ahora ya no lo es) se asustó y se negó a que nos quedáramos allí. Pero la que no era directamente mi amiga dijo que quería estar allí para vivir Hamburgo desde el interior. Fuimos amigas desde ese momento. Así que nos quedamos. El hotel era genial, por otra parte, limpio y grande.

Decidimos pasar la primera tarde vagabundeando por el centro y nos maravilló el ayuntamiento. Un edificio realmente impresionante en el que pasamos la mayor parte del tiempo. A pesar de estar todavía en noviembre toda la ciudad estaba ya decorada con luces y en las calles se arremolinaban los puestos del mercado navideño. Degustamos nuestra primera salchicha alemana (para turistas) y probé el vino caliente. Sólo hago estas cosas cuando me hago turista (que es la mayor parte del tiempo, esté donde esté). No me gustó ni el vino ni la salchicha, pero tenía que probarlos, no?

Al anochecer nos fuimos al lago que también estaba ya todo iluminado (pero nada que ver con las luces que ciegan Madrid, en estos países son listos y no derrochan en cosas tan banales como esa, serán más ricos que nosotros por eso?) y allí disfrutamos del ambiente de Hamburgo, su amabilísima gente y sus canciones navideñas típicas.

Al volver al hotel, todo eran luces, pero de otro tipo. Los neones sustituían las dulces bombillas del centro y la música de discoteca los villancicos. Acabamos el día en el bar de Los Beatles escuchando pop británico de los 60 hasta que la que hasta entonces era mi amiga, pensó que ya era tiempo para irnos a dormir. Diez de la noche, estos no españoles están locos. :o)

AL día siguiente recorrimos el enorme puerto de Hamburgo. Sin mar, pero con un río inmenso, la ciudad vive de su puerto y del turismo.
Un señor que nos vio hacer mil fotos al Mercado del pescado, nos comentó que había un ferry que nos llevaba a un pueblo de pescadores en una isla a unos veinte minutos de Hamburgo. Mi nueva amiga y yo decidimos inmediatamente subirnos al siguiente ferry que pasara. Mi ya no tan amiga dudó, pero como dos son más que una, nos subimos al ferry como a mi me gusta, sin tener ni idea de a dónde íbamos.
El pueblo era genial, lástima la lluvia que no nos dejó en toda la mañana, pero cuando uno está de vacaciones improvisadas, hasta eso tiene su encanto. Gente sonriente y generosa en todos los sitios que nos invitaba a cobijarnos en su casa y a probar dulces típicos navideños. SIn improvisación, estas cosas no suelen pasar nunca.

A la hora de comer (sobre las 12) decidimos regresar al centro para seguir visitando lo que “se supone” que tienes que ver. Y no nos decepcionó. Saint Michaelis, el Palacio de Justicia, la òpera, las casas junto al canal, el Teatro… todo tan… alemán. :o)

Esa tarde me tocó ceder a mi y nos pasamos la tarde de tienda en tienda. Algo que no soporto, porque no entiendo qué interés tiene pasarte horas dentro de una tienda que siempre es la misma, estés en el país que estés, pudiendo disfrutar de otra ciudad, otra cultura, otro idioma, otra vida! Anyway, la tarde se nos fue entre centros comerciales y supermercados (todo es taaaaaan barato fuera de Dinamarca), así que aproveché para enviar para España un par de paquetes con productos típicos navideños. Para que no puedan echarme en cara después que no ha habido regalos de Navidad este año por mi parte.

Viernes noche en Hamburgo. El barrio donde estaba el hotel estaba lleno de gente, turistas, estudiantes, así que fue genial pasear por sus eróticas y ruidosas calles.

Y la última mañana la dediqué (sí, yo sola, las dos chicas se quedaron durmiendo un poco más, otra cosa que no entiendo, dormir) a visitar parques y el ayuntamiento por dentro que estaba abierto con una exposición sobre los refugiados de la 2a Guerra Mundial. Practiqué mi pobre y olvidado alemán y a las doce nos fuimos (ya todas juntas) hacia el coche que nos llevaría de vuelta a Århus, terminando un viaje que duró un suspiro, pero cuya experiencia ya forma parte de mi nuevo yo.

Y como acabo de entregar un trabajo/examen que me ha costado sangre (estas migrañas que siempre me acompañan), sudor y lágrimas (no literalmente, pero casi), hemos decidido con una de mis compañeras de examen, ir a celebrarlo esta noche (a las seis, claro, dentro de diez minutos) consumiendo mis casi últimas coronas en un sandwich típico danés y una cerveza de navidad.

Y esta noche tengo que pensar también si mañana tomo el primer tren que me lleve a Frederikshavn (al norte de Dinamarca) para, desde allí, coger el primer ferry que me lleve a Göteborg. Autoregalo por haber escrito en inglés 12 páginas sobre una página web? Simplemente, ganas de conocer otras cosas, aunque sea en un viaje de 24 horas. Lo decidiré sobre la marcha… que es como mejor me salen las cosas.

F: 4  B: 7

Søndag

Me escabullo, poso mis pies sobre la barandilla que separa mi mundo del real y respiro.

Apenas consigo centrar la mirada en ningún punto. El sol me ciega, aunque tampoco tengo nada que ver.

Me descubro pensando en otra vida, otro planeta que dejé hace ya mucho tiempo, pero del que conservo todavía toda su energía. Aún estoy allí más que aquí. Todavía abro los ojos pensando en ver el bosque a través de mi ventana. Todavía trato de subir al autobús 19 por la puerta de atrás para que me lleve al país de Hansel y Gretel y pueda disfrutar de una playa de verdad.

El sol vuelve a nacer solo para mí, como aquella vez. Gatito continúa aparcada esperando que la saque a pasear. Risk kov sigue blanco, ajeno al mundo, pero haciendo que pertenezcas a un planeta donde la gente sonríe, no grita, respeta los horarios y las colas y tu espacio vital, trabaja duro, descansa más, no te agobia ni se agobia, permite que seas tú sin juzgarte, juega, vive y se divierte sin complicaciones ni absurdos líos.

Volver al lugar al que sé que pertenezco. Tanto tiempo pensando por qué era tan rara, para descubrir que es porque estaba en el lugar equivocado. Llegar allí y verlo todo tan natural. Llegar allí y saber que perteneces a ese planeta porque, simplemente, es así. Llegar allí y ser de allí.

El sol se va, se me escurren los pies de la barandilla y vuelvo. Ya no hay playas ni “gatitos”, pero me camuflo con la realidad que me rodea y salgo del trance. Un té casi frío me devuelve un poco la calma. Puede que haya alguna esperanza.

F: 4  B: 7

¿Qué es Google?

Hace unos días me preguntaron qué era Google. Y la verdad, no estaba muy segura de entender siquiera qué significan esas 6 letras a las que ya estoy tan acostumbrada que no podría vivir sin ellas. Así que me di cuenta de que yo todavía soy de la era pregoogle, y lo descubrí.

Google es una tarde entera en la biblioteca pública buscando el mapa menos desfasado para que el trabajo de Geografía se ajustara, más o menos, a la realidad. Aunque esa desactualización te diera ciertas alegrías momentáneas, como cuando leías en una Enciclopedia de Fútbol que lo más reciente que hizo el Zaragoza fue ganar la Recopa del 95, cuando ya andabas sufriendo porque bajábamos a segunda. Es seleccionar enciclopedias en las estanterías de Naturaleza, Literatura o Arte dependiendo de la asignatura. Son muchas horas copiando lo más interesantes de los artículos -el copy/paste no lo inventó Google-; eligiendo las fotos adecuadas aunque sin poder elegir ni grandes ni medianas ni pequeñas, sino las que había y fotocopiándolas en la sala de reprografía, a cinco pesetas la unidad en blanco y negro y diez en color.

Es preguntarle una duda a tu padre y enterarte, años después, que se pasó parte de la noche preguntando a sus amigos para que la respuesta estuviera en tu almohada por la mañana. Los padres nunca defraudan a sus hijos. Y también es aprender a buscar en la Larousse que decora todas las casas, con sus tomos de actualizaciones incluidos. Es conocer los restaurantes por haber pasado por la puerta y preguntarte cómo sería la comida de allí. Y atreverte a entrar porque recuerdas que en el ascensor alguien habló de ese sitio.

Google es memoria, pero una que se está desvaneciendo por falta de uso. O que, simplemente, está mutando. El día que la pierda del todo la googlearé, seguro que la encuentro.

F: 4  B: 7

Huesca

Viaje relámpago a Huesca. Con un objetivo muy distinto al de siempre. Con unos compañeros de viaje muy distintos a los de siempre. Con un medio de transporte muy distinto al de siempre. Pero quizá por todo eso, Huesca sigue teniendo esa magia.

En estos dos días intensísimos, además, la magia se ha multiplicado porque el corazón no entiende de nacionalidades. Recuerdos y experiencias en sus calles, de pequeña y de mayor. Todas mezcladas con quien fui, quien soy, quien creí ser, quien creo ser, quien me hacen ser. Laura, en Huesca. O mejor dicho: Huesca en Laura, desde otra perspectiva.

No he tenido tiempo para disfrutar de la ciudad, pero el viaje ha conseguido subir en el ránking de “los mejores viajes en los que he participado”. Quién lo diría.

El trabajo en el congreso, la vida comunal, el ambiente lento y cercano de Huesca, descubrir los mismos bares con otra música y otros bailarines.

Dos días intensos, raros, divertidos, emotivos.

Más experiencias que van formándome.

Poco a poco, tuit a tuit, voy viendo el camino.

F: 4  B: 7

BURIED & KICK ASS

Sesión doble de sábado. En ese orden: la presión angustiante de un ataúd y la descacharrante sangría de unos superhéroes cotidianos.

BURIED: con las ganas de ver la nueva película de aquel director que me pagó 30 euros por aparecer durante cinco segundos en su opera prima -fantástica Concursante- le di al play para degustar con tensión contenida la experiencia traumática del personaje que se despierta encerrado en un ataúd sin saber por qué.

Angustia, angustia, angustia...

La agonía me la transmitió sin duda desde los primeros fotogramas. La atmósfera y la incredulidad/sorpresa/angustia de Reynolds. Subrayaban los críticos algunos fallos de guión o algunas falsedades que forzaban el hilo argumental y la permanencia de Paul  Conroy bajo la tierra. Pero ¿qué quieren que les diga? Una vez te metes con el protagonista, su móvil, su mechero, su tensión, su pasado y su futuro te da igual todo lo que “sobre”, “falte” o “me engañe”.

Creo que no se puede generar tanta empatía con el enterrado en tan pocos minutos y con tan pocos elementos, y subir en tensión conforme avanzan los minutos -aunque sí decae el ritmo a la mitad-, los intentos desesperados por salir y los puñetazos al estómago en forma de burocracia absurda y real.

La fragilidad de la vida humana, los sentimientos que acaban machacándonos, lo que llega a desesperar la esperanza, la importancia de lo verdaderamente relevante en la existencia humana, confiar o no en los demás, luchar, buscar objetivos, reconstruir una vida, presente pasado futuro…

Ese final aún lo tengo marcado en la memoria. Esa arena filtrándose por las rendijas, por la mente, por la esperanza, por la vida… Necesité un respiro largo cuando terminó, así que decidí ver:

KICK ASS: para descongestionarme y salir del ataúd. Y descubrí una película delirante, estrambótica y divertidísima con la que me pude tomar -por fin- las palomitas que había hecho para la sesión doble. Reynolds no me dejó tomarlas, pero Nicolas Cage, Aaron Johnson, Chloe Moretz y el resto del clan friki, absurdo, descacharrante, sí me lo permitieron.

Llena de violencia gratuita que acaba por parecerte normal -pero no es Tarantino-, con unos diálogos tan absurdos como perfectamente adaptados a las situaciones y unos personajes a cada cual más bizarro. La historia es más oo menos simple: un chaval de instituto se pregunta por qué si hay tanta gente a la que le gustan los superhéroes no hay seres de estas características por las calles. Así que decide ser él uno de ellos. Sin ningún tipo de poder, salvo el de pasar inadvertido -a lo Clark Kent o Peter Parker, así que tiene mucho de superhéroe-.

El uso de las redes sociales y los medios de comunicación le ayudan a crear un personaje de la nada y comienza una aventura hilarante en la que se encontrará a Hit Girl: una niña de 12 años que juega con armas como quien lo hacía con los cliks, y con pocos escrúpulos en la conciencia. Y el padre de la criatura Big Daddy -Nicolas Cage-.

Humor negro, gamberrismo, violencia y sangre por doquier. No he leído el cómic, así que posiblemente los seguidores no estén muy contentos con la película -como suele pasar-, pero a mí me ha entretenido y me ha hecho reír.

Lástima que acabara interesándome más el personaje de Chloe  Moretz que el propio protagonista. Y que perdiera fuerza conforme pasaban los minutos. En cualquier caso, buena sesión doble.

Y película para Hit girl ya!!!! (Síp, en algunos momentos me gustaría ser ella)

 

Personaje de Hit girl. Amazing!!!

F: 4  B: 7