Søndag

Me escabullo, poso mis pies sobre la barandilla que separa mi mundo del real y respiro.

Apenas consigo centrar la mirada en ningún punto. El sol me ciega, aunque tampoco tengo nada que ver.

Me descubro pensando en otra vida, otro planeta que dejé hace ya mucho tiempo, pero del que conservo todavía toda su energía. Aún estoy allí más que aquí. Todavía abro los ojos pensando en ver el bosque a través de mi ventana. Todavía trato de subir al autobús 19 por la puerta de atrás para que me lleve al país de Hansel y Gretel y pueda disfrutar de una playa de verdad.

El sol vuelve a nacer solo para mí, como aquella vez. Gatito continúa aparcada esperando que la saque a pasear. Risk kov sigue blanco, ajeno al mundo, pero haciendo que pertenezcas a un planeta donde la gente sonríe, no grita, respeta los horarios y las colas y tu espacio vital, trabaja duro, descansa más, no te agobia ni se agobia, permite que seas tú sin juzgarte, juega, vive y se divierte sin complicaciones ni absurdos líos.

Volver al lugar al que sé que pertenezco. Tanto tiempo pensando por qué era tan rara, para descubrir que es porque estaba en el lugar equivocado. Llegar allí y verlo todo tan natural. Llegar allí y saber que perteneces a ese planeta porque, simplemente, es así. Llegar allí y ser de allí.

El sol se va, se me escurren los pies de la barandilla y vuelvo. Ya no hay playas ni “gatitos”, pero me camuflo con la realidad que me rodea y salgo del trance. Un té casi frío me devuelve un poco la calma. Puede que haya alguna esperanza.

F: 4  B: 7

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