El Cuaderno

Retazos de un cuaderno pequeño, de aspecto débil, que encierra un temperamento que nunca pudo ser retenido.

La tapa, tan llena de números escritos rápidos, a lápiz, para hacer cuentas y anotar los trucos para que el vino no rancie, para que la fruta salga más sabrosa, para que no se olvide que ha fiado el pago de la luz. Fiar sí, olvidar nunca. Ni en los recibos ni en la vida.

La herrumbre del tiempo quedó marcada en cada hoja.

Las líneas de las hojas para escribir recto no sirvieron de nada. Las letras -cada una a su aire, bailadas, queriendo escapar-, simbolizan la libertad de pensamiento de su autor. Irónico. Letras libres escritas desde la celda.
Libertades de pensamiento y de acción de quien no pudo escapar. Ni de la cárcel, ni de la guerra. Solo sus ideas, y sus letras, vuelan. Ahora soy yo quien las descubre, las piensa, las traduce y las imagina siendo escritas.

Cada hoja parece el papel de fumar que todavía guarda Mariluz en algún rincón de su propia guerra civil. Ese paquetito rojo que salió del mismo sitio que el Cuaderno.
Las joyas más valiosas que tengo. Es todo lo que tengo de él. Es todo MI abuelo.

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