La fiesta de cumpleaños

“El salón lleno de globos para cuando se despierte”.
“Qué buena idea, vamos a hacerlo”.
Genial, pensé. Los globos, todavía muertos encima de la mesa nos esperaban.
Uno tras otro fueron cobrando vida.
Algunos perecieron en el intento, tanta vida que llevaban en su interior.
Era verde el siguiente que me tocaba.
Respiré hondo, cogí aire y se lo regalé.
Él, como muestra de generosidad, quiso devolvérmelo.
Mis pulmones no pudieron acoger todo el regalo.
Se hincharon demasiado.
Tanto, que explotaron.
“El salón lleno de globos cuando se despierte”.

Entre ellos, yo.
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