Lapicero bicolor

Salió de la tienda con el orgullo superando su metro diez de altura.
No dejaba de mirar su flamante lapicero nuevo. Rojo por un lado, azul por el otro.
Ya veía a sus amigos asomándose en su pupitre y admirando su estuche del que sobresaldría la punta roja. Ahora tan afilada que pinchaba.
Ya veía su cuaderno decorado con los títulos en rojo, las explicaciones en azul, con esa punta ahora tan afilada.

Tan cerca lo estudiaba y lo examinaba que su cara quedó a pocos centímetros del lapicero.

Con tanto deleite lo observaba con sus enormes ojos azules que no se percató de que su vecino lanzaba el balón para que lo recogiera al salto su cocker spaniel. Ágil como solo lo pueden ser  estos perros, saltó en busca de la pelota, y para ello, empujó la espalda del admirador del bicolor.

El golpe, tan certero como repentino, impulsó el pequeño cuerpo hacia el suelo.

Su mano, aferrada con fuerza al lapicero, no pudo girarse lo suficiente para caer con el bicolor plano.

Esa punta roja, que iba a decorar los títulos, ahora tan afilada, entró suave en el ojo.

Esa punta roja, ahora tan afilada y tan adentro, se volvió más intensa, mientras el cocker spaniel se relamía los bigotes que, como la pelota, se iba tiñendo del mismo color.

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