Nadal desafía a su vértigo

Siempre de menos a más, Rafael Nadal escaló cambios de táctica y de estrategia para llegar a la final del Abierto de Australia (09.30 horas, C+ y Eurosport), pero aún le queda un escalón que subir. Y es el peor: Novak Djokovic. La piedra en la que tropezó el curso pasado hasta en seis ocasiones, y aunque el cansancio puede pasarle más factura al serbio por las casi cinco horas que le costó la semifinal ante Andy Murray que al español, el nuevo duelo se presenta más cerebral que nunca.

«No me acordaré de las finales anteriores», afirmaba Nadal. «Tal vez tenga ventaja mental sobre él, pero este es otro año», advertía Djokovic. «Juega en su terreno, la presión es suya», bombardeaba el español. «Ha estado jugando bien y tiene un día extra para descansar», contraatacaba el serbio. Es 2012, es otro duelo. Uno en el que la cabeza jugará tanto como la raqueta.

Nadal, en la rueda de prensa previa a la final (REUTERS)

Solo contra Roger Federer, Nadal parecía dudar al principio de su carrera. Superado el escollo del suizo, su tenis le mantuvo en la cúspide azotando a cuantos rivales osaran arrebatarle la gloria. Y llegó 2011 con un Djokovic imposible. El español encontró un adversario que supo leer su estrategia y devolvérsela.

En Indian Wells, el serbio encontró el hueco para minar la consistencia y el tenis de Nadal (4-6, 6-3 y 6-2). Más evidente fue la lucha mental en Miami. Con 4-6 y 6-3, el partido se decidió en la partida de ajedrez en que se convirtió el «tie break». Djokovic aguantó una jugada más. Incluso en el reino de tierra del español logró el serbio encontrar la puerta de la victoria (en Madrid, 7-5 y 6-4; en Roma, 6-4 y 6-4). Demasiadas minas plantadas en su raqueta, que también explotaron en Wimbledon. Djokovic se coronó en Londres (6-4, 6-1, 1-6 y 6-3) y también en Estados Unidos, ya sobre su terreno rápido y duro, en la última final que compartieron (6-2, 6-4, 6-7 (3) y 6-1). La final se juega sobre la pista y sobre los hombros.

Resquicios en Djokovic 2012

Ganó en Abu Dabi sin inmutarse, tan superior a los demás como en casi todo 2011, una exhibición, como el torneo. En Australia continuó su senda del éxito sin apenas esfuerzo. Con los tres primeros partidos Novak Djokovic acalló voces que se preguntaban si podría mantener el nivel de un año impecable. Y es el mismo ciclón, pero sopla quizá con menos fuerza.

La criba dispone conforme pasan las rondas en la Rod Laver, y la exigencia aumenta. En los octavos de final, Lleyton Hewitt, con muchas ganas de conquistar lo que nunca tuvo, sufre un primer set pegado al guión que marca el serbio.

Sin embargo, las dudas atacan sus músculos en el segundo y las voces resurgen. Sus movimientos lo retratan: busca aliento y el grácil movimiento con el que levitó por estos lares el año pasado. Un momento de despiste que no estaba programado. Un espejismo de dudas que duró apenas un set.

No obstante, los gestos de cansancio, los cambios de ritmo, las miradas en busca de un descanso se suceden. David Ferrer en cuartos le exige hasta su propia extenuación pagándole con su misma moneda: correr, correr, devolver una pelota más que el adversario y volver a correr. Más exigencia para un Djokovic que sufre más, incluso llegó a quejarse de una lesión, real o no. El espejismo se desvaneció. Ferrer fue otra muesca en su revólver.

El serbio intenta encontrar aliento

Y entonces, Andy Murray le exigió todo. Siempre con mejor cara que el serbio, el escocés, madurado en las derrotas, obligó a Djokovic a cambiar el guión. Después de un primer set arrasador, fue el serbio quien pasó a defender, fue el serbio el exigido en lo físico y en lo mental, fue el serbio el que tuvo que levantar una pelota de rotura tras otra. Su saque se le hizo un mundo y, roto de cansancio y de alergia —pidió pañuelos durante todo el encuentro—, no tuvo más opción que bailar donde Murray quería.

En nada se pareció este encuentro al que protagonizaron ambos en la final del año pasado cuando el serbio venció por 6-4, 6-2 y 6-3. Cada punto era una victoria; cada aliento, una agonía. Fiel a sus altibajos mentales, el escocés dejó escapar la victoria, fue Djokovic quien echó el último aliento y dio el último hachazo. «Aunque le veas agonizando, va a buscar el golpe ganador y lo encuentra», reconoce Murray.

Después de cinco horas, el serbio levantó los brazos para abrazar su tercera final de Grand Slam consecutiva en la que se medirá este domingo a Rafa Nadal, pero sus piernas acumulan 32 juegos y dos horas más que a estas alturas el curso pasado.

«Ahora la clave está en descansar todo lo posible este día y medio, tengo que estar lo mejor posible. Rafa tiene más descanso, está jugando muy bien y, definitivamente, quiere ganar este título». Reconoció que quizá tenga cierta ventaja mental sobre el español. «Pero es un año diferente», advierte.

Sigue teniendo un tenis arrollador, volverá a disputar una final, pero ha revelado resquicios de debilidad en su físico y en su mente. Djokovic también es humano.

La noticia, en abc.es.

Djokovic muestra su agotamiento durante el partido contra Murray

 

 

Vivir como joven siendo adulto, vivir como adulto siendo…

Salí del supermercado. Con las bolsas reciclables y con la sensación de estar de más en este planeta.
Salí del supermercado con la frustración en el ticket. Había entrado para dos cosas y una la tuve que dejar.
Las patatas fritas que vendían allí solo las tenían en pack familiar. Es decir: 5 kilos de patatas fritas.
Eran muy baratas, sí, pero no soy pack familiar. Soy pack piso compartido. Y sí, podría haber abastecido a mis compañeras durante tres meses o más, pero cinco kilos son demasiado voluminosos para que entren en mi tercio de congelador en un frigorífico que es tan pequeño como yo.

Salí frustrada, digo, porque no entro en ningún canon.
No soy joven, pero vivo como si lo fuera. Por obligación, ojo, que una es tonta, pero tiene su límite.
Pago el abono transporte de adulto, pago el bono de la piscina de adulto, pago mis impuestos como adulto, pero no hay un pack single para mí. Solo pack familiar.

Llego a casa. A mi habitación. Mi reducido habitáculo que tengo por vida en un mundo que me es ajeno completamente. En la terraza paso mis vacaciones diarias. En la cocina sufro la intolerancia mundada. El baño es Irak, Afganistán y la próxima guerra que nos inventemos.

Dos individuos comparten mi mundo. Cada una como es. Sin más. Soy yo la que ha cambiado, y mucho, desde aquel primer Gran Hermano que protagonicé en 2004. Muchas penas y glorias que me han hecho como soy, pero que tengo ganas de que dejen de hacerme.
Necesito moldearme yo, sin obstáculos ajenos ni rollos de papel higiénico sin reponer.

Como los polis de las películas, hay una buena conciudadana y otra mala.
Hablaría maravillas de la primera. Me niego a gastar palabras con la segunda.
Hoy, el poli bueno me dice que se cambia de mundo. No sabe cuándo, pero me avisa.
Y ha derrumbado mi existencia.

No soy joven, pero tengo que vivir como si lo fuera.

Tomo la decisión de no quedarme en este habitáculo si el poli bueno se va. Pero no tengo opciones. Se me acaban en cuanto pienso en el abono transporte y el bono de la piscina de adulto que he de pagar cada mes, y en el pack familiar que me queda tan lejos.

Entre unas y otras se me va la vida. Haciendo lo que me dicen que haga para un futuro mejor que ni siquiera atisbo a imaginar.

Pago como adulto, pero no me puedo permitir vivir como tal.

Vivo como joven cuando ya no lo soy.

Alberto Entrerríos: «El fin del camino son los Juegos»

Han terminado de entrenarse y se dirigen al hotel para comer. Durante el viaje, los jugadores de la selección española de balonmano se relajan escuchando música y hablando entre ellos. Alberto Entrerríos saca unos minutos para atender por teléfono a ABC. Se escuchan risas de fondo. El equipo está realizando un gran campeonato europeo, con victorias frente a Francia, Rusia y Croacia. Tienen motivos para sonreír y relajarse un poco, pero tampoco demasiado. Aún queda mucho trabajo que hacer.

Alberto Entrerríos dispara a puerta contra Croacia (AFP)

—¿Cómo está el equipo?

—Muy bien, muy contento y con mucho ánimo. Los resultados han ayudado a que el buen rollo que ya tenemos de serie se incremente. Han sido partidos muy intensos que hemos sacado con mucho sufrimiento, con mucha adrenalina que se ha reflejado en el ánimo. Pero también está muy concentrado, sobre todo para no decaer físicamente.

—Ahora toca Islandia. ¿Qué planes hay contra ellos?

—Es un partido muy importante para nuestro objetivo, son dos puntos decisivos, y será muy difícil. Ellos tienen pocas posibilidades de clasificarse, pero no están matemáticamente eliminados, así que irán a por todas porque no tienen nada que perder y se lo van a jugar. Además, es el actual subcampeón olímpico y por nuestra parte el respeto es máximo.

—Sobre la pista al equipo se le ve convencido de superar a cualquier rival.

—Es que los resultados y la capacidad de reacción que hemos tenido nos han dado muchísima confianza. Pero, como he dicho antes, estamos muy concentrados porque esto es un Europeo y todo está muy igualado. Después de ganar a Francia estábamos muy arriba y contra Hungría no pudimos pasar del empate. Vimos que no nos podíamos relajar en ningún momento.

—Los franceses, que llegaban de ganar todo, terminaron sucumbiendo ante el empuje de España.

—A Francia le están entrando dudas. Llevan tanto tiempo sin perder que es normal que ahora estén con la moral baja. Algunos jugadores no están al cien por cien porque la situación no se la esperaban. Pero estoy convencido de que Francia llegará a semifinales. Han visto el infierno de las derrotas y querer revertir la situación les hará doblemente peligrosos.

—Y en vuestras semifinales, ¿quién sería el «mejor» rival?

—Algún equipo de juveniles nos vendría muy bien (ríe), pero creo que no va a ser posible esa opción. Todavía hay que llegar, paso a paso. No tengo favoritos porque todos los equipos que queden van a ser los mejores. Todos tienen opciones de llevarse el título. Alemania, Serbia, Dinamarca… imposible elegir quién prefiero y quién quiero evitar. Eso sí, nos toque el que nos toque, sé seguro que vamos a ir a por todas.

—Desde el Mundial de Croacia de 2009, la selección no ha parado de subir. ¿La apuesta de Valero Rivera está dando sus frutos?

—Desde luego. Vamos de menos a más, desde aquel mal resultado se produjo una renovación que ya obtuvo su primer premio en la medalla de bronce del Mundial de Suecia el año pasado. Continuamos mejorando poco a poco, la progresión es la correcta. Estamos donde queríamos estar y culminará en Londres. Pero por ahora el grupo está subiendo en intensidad y eso se nota en los resultados.

—Entonces, ¿la meta final serán los Juegos Olímpicos?

—Ese es el objetivo desde el principio. Es el fin del ciclo y del camino. Es el momento de recoger los frutos de cuatro años de trabajo y de empezar a pensar ya en los siguientes cuatro años. Es la mejor competición de todas, sin duda.

—¿Y la más difícil de ganar?

—No lo creo. Los mundiales o incluso los campeonatos europeos tienen más rivalidad, pero los Juegos están mucho mejor valorados. No solo por el público general y los aficionados, sino por los propios deportistas y porque el premio de las medallas solo lo puedes conseguir cada cuatro años. Para mí es muy especial. El ambiente de competición en los Juegos no se parece a ningún otro, pues convives con los mejores deportistas de todas las disciplinas y de todos los países. Y es un orgullo estar ahí representando a España.

Entrerríos entre dos defensas (EFE)

La selección, líder de su grupo, juega hoy a las 16.10 (Teledeporte) contra Islandia.

Un sueño con futuro

Iniciaron la aventura del Campeonato de Europa de bobsleigh en noviembre, llenos de ilusión y cargando un trineo de segunda mano que les ayudó a transportar el equipo argentino porque ellos no tenían el vehículo adecuado para ello. Esta semana, Javier Pintado y Pedro Díaz han regresado de la última etapa del sueño, en St. Moritz, después de conducir durante veinte horas, con una lesión en la rodilla y el bobsleigh hecho trizas. En el maletero, la misma ilusión del primer día, las lecciones aprendidas y las ganas de seguir avanzando en este deporte. «Fuimos para probar y volvemos más maduros, más sabios en experiencias y en información», comenta Pintado.

Los pilotos de Bobsleigh Javier Pintado y Pedro Díaz

Reconoce que los primeros días ellos eran los exóticos, la anécdota del campeonato, pero conforme pasaron las pruebas el resto de los equipos les consideró uno más. «Por supuesto, no constituíamos ninguna amenaza; pero el equipo alemán nos prestó a su médico, también nos ayudó el preparador de Argentina… Comenzamos a tener presencia», recuerda Pintado. Son pocos los puntos que se traen de recuerdo (6), pero muchas las lecciones que quieren poner ya en marcha para el futuro: «Ahora sabemos qué falla y cómo cambiar pequeños detalles para mejorar».

Les ha picado la aventura y no tienen intención de pararse aquí. Ya hacen planes para ir a la Escuela de Lake Placid, en Estados Unidos, a mejorar las técnicas y participar en la Copa de América. Y buscan salidas para los que les sigan: «Queremos que esto no se quede aquí. Compramos el bobsleigh en vez de alquilarlo, para que se quede para futuros equipos». Ya buscan uno de chicas para enviarlo a la Escuela de Pilotos la próxima temporada.

A partir de ahora, el futuro lo irán dibujando en su tiempo libre. El bobsleigh ha vuelto al garaje, y ellos, a sus respectivos trabajos. No obstante, la experiencia personal los ha enriquecido a todos los niveles; y sobre todas las cosas, se quedan con la repercusión de su aventura en las redes sociales: «Recibir apoyo de gente a la que no conoces de nada es maravilloso». Y esto no ha hecho más que empezar.

 

MELANCOLIA // MELANCHOLIA

Llega tarde, lo sé, pero no puedo dejar de escribir mis sensaciones sobre la última película estrenada en España del maestro, polémicas parte, Lars von Trier. Como una antítesis de “El árbol de la vida”, el danés polemiza sobre un final del mundo en un año que parece muy propicio para ello.

Como en obras anteriores, Von Trier nos desgrana la historia por capítulos. El primero rezuma angustia y depresión, aun con imágenes que invitan más a la fiesta que a otra cosa. No obstante, las situaciones tragicómicas de una boda que más parece una farsa, reflejan una apatía y un desasosiego que atrapa a todo el mundo, dentro y fuera de la película. Se siente incómodo el espectador, como si la butaca no fuera la misma en la que ha presenciado imágenes más placenteras. Nada hay de placer en una fiesta marcada por la agonía, la enfermedad, la apatía, el desamor, la violencia no física, la melancolía.

Kirsten Dunst, imagen pura de la melancolía

Ya en la segunda parte, la película se vuelve azul. Color cristalino que tampoco refleja más que la inminente pérdida de vida, de color, de existencia. Las sensaciones se multiplican y rebotan en el espectador, que no puede por menos imbuirse en una historia totalmente ajena, científicamente improbable, pero que no carece de sentido, tan admirables están los protagonistas. Un planeta que se acerca, se aleja y se mide con un instrumento manual que presagia la vida o la muerte. Un asteroide que decide quién muere y cómo vive los últimos momentos. Y que los protagonistas viven de manera diferente, buscando un sentido al sinsentido de morir.

El fin del mundo

Entre película y anuncio publicitario, Lars von Trier utiliza la cámara a su antojo, también la post producción y a un Wegner que sublima la belleza de las imágenes y las convierte en asfixia y dolor.

Película imprescindible, para un día en el que la depresión y la angustia no crucen tu mente.

Páginas de emoción y goles

La épica de las remontadas, la tragedia de las derrotas, la comedia de las victorias, la sed de venganza, la vida y la muerte entre una final ganada y una perdida. Nada hay más literario que el fútbol. Y, sin embargo, pocos y sin continuación habían sido los intentos por volcar en palabras la emoción de la obra siempre inédita. Pero también fueron determinantes.

Jorge Valdano y sus «Cuentos de fútbol», «Los once y uno» de Gonzalo Suárez, las loas de Rafael Alberti a ciertos jugadores, los artículos de Javier Marías o los ensayos de Vázquez Montalbán sirvieron para romper la barrera que dividía al fútbol de los círculos culturales.

Oda a Platko de Rafael Alberti

No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo (…)[]

Enmarañados en la actualidad futbolística que escupen cada día los periódicos, a España le falta mucha cultura futbolística para acercarse a países como Inglaterra o Alemania donde la literatura deportiva es un género en sí mismo, opina Carlos Ramos, director de la editorial Córner. Y también Carlos Marañón, coleccionista de libros sobre fútbol, hijo de futbolista y futbolero: «Ya no da vergüenza decir que te gusta el fútbol, pero al convivir con la prensa deportiva hay que buscar nuevos caminos».

Por eso Emilio Sánchez Mediavilla y sus dos amigos periodistas buscan con Libros del K. O. el enfoque que no cabe en la prensa: «Queríamos recuperar los grandes reportajes, el análisis y profundizar en un tema que nos apasiona, pero que siempre se queda en la superficie».

Fútbol de regalo

Trascender la mera actualidad es también el objetivo de Aitor Lagunas, responsable de«Panenka». A través del fútbol se pueden contar muchas cosas, «como el nacimiento de Sudán del Sur». Por eso, eligen autores heterogéneos, incluso apartados del deporte, para que analicen qué hay más allá de un resultado.

En un país en el que el fútbol ocupa casi todos los sectores de la sociedad, la editorial LID ya puso en relieve en su «Fútbol: fenómeno de fenómenos», que existe mucho interés por «ver las otras caras del deporte, que sirven para la vida diaria», cuenta José Antonio Menor, editor de«Capitanes», y también Helena López-Casares, autora de «Equipos 10», que indica que el fútbol es «una metáfora de la vida con la que se pueden explicar muchas cosas que nos ocurren». Gerardo Marín, de Alfaguara, va más allá: «Son experiencias individuales que se retroalimentan en las conversaciones y los recuerdos colectivos. Hay saturación de fútbol visto, pero no vivido, es lo que intentamos expresar en “Cuando nunca perdíamos”; diferentes sensibilidades literarias viviendo su Barça».

Aitor Lagunas no se planteó si al otro lado habría alguien dispuesto a leer sus otras historias del fútbol, pero se sorprendió de que había gente, y mucha. Las librerías lo confirman: «Mucho se compra para regalo, pero hay más público con ganas de este producto», afirma Pilar, de FNAC. Ángel, de Casa del Libro, analiza el boom: «Cuando gana el Madrid, aumenta la venta de libros sobre Mou. Del Madrid se venden ciertos personajes; del Barça, todo el equipo». Apunta algo más, se solicitan libros escritos por periodistas, pero no por ex futbolistas. Marañón, que ha publicado «Evasión o victoria. Un partido de leyenda», está de acuerdo, cree que donde mejores escritores hay es en la prensa deportiva, pero no tienen espacio para resarcirse de las prisas diarias.

Plumas de calidad

Miguel Gutiérrez, autor de «Frases de fútbol», está convencido de que hay plumas para hablar con rigor y calidad. La que ha encontrado Miguel Aguilar, de Debate, en «Messi»: «Por encima del fútbol, la biografía se vende por sus cualidades literarias. Si está bien escrito y engancha, da igual de quién se hable».

Biografías, anécdotas, pequeñas historias, grandes reportajes… proyectos nacidos por interés personal o por buscar el beneficio y, sin embargo, «todavía faltan elementos necesarios para el debate futbolístico», escribe Santiago Segurola en el prólogo de la edición española de Dante Panzeri y su «dinámica de lo impensado», y añade para ABC: «El fútbol es sentimiento, un vínculo identitario, demasiadas cosas a las que los pensadores no pueden ser ajenos y nadie se ha puesto a hablar sobre su lado humanista, filosófico o sociológico». Marañón asiente: «Se publica mucho, y mucho está en la línea de lo populista. Al fútbol hay que tratarlo con el respeto de quien nos acompaña cada día. Espero que este boom sea solo el principio».

Un cliente se lleva «A mí el pelotón» (Córner) porque le gustan los buenos escritores y le cansan las discusiones extradeportivas. «A mí lo que me gusta es el fútbol». Emoción, estrategia, sentimiento, gol, género literario.

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