Champán

Me tocó. Por no haberme terminado las uvas me tocó pringar para abrir el champán.

Aquello estaba duro de narices, pero el vino que regó la comida comenzó a hacer efecto y me envalentoné.

Pasó de ser un marrón a un ejercicio de amor propio.

Era el tapón o yo.

Tanto fue mi empeño que no me di cuenta de que el tapón cedía poco a poco hasta que fue demasiado tarde y no pude corregir la dirección.

La fuerza con la que salió aquel maldito trozo de corcho me pilló desprevenido.

También a mi ojo, que acabó hundido en mitad de mi cerebro.

Fue él.

Feliz Año Nuevo.

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