Resquicios en Djokovic 2012

Ganó en Abu Dabi sin inmutarse, tan superior a los demás como en casi todo 2011, una exhibición, como el torneo. En Australia continuó su senda del éxito sin apenas esfuerzo. Con los tres primeros partidos Novak Djokovic acalló voces que se preguntaban si podría mantener el nivel de un año impecable. Y es el mismo ciclón, pero sopla quizá con menos fuerza.

La criba dispone conforme pasan las rondas en la Rod Laver, y la exigencia aumenta. En los octavos de final, Lleyton Hewitt, con muchas ganas de conquistar lo que nunca tuvo, sufre un primer set pegado al guión que marca el serbio.

Sin embargo, las dudas atacan sus músculos en el segundo y las voces resurgen. Sus movimientos lo retratan: busca aliento y el grácil movimiento con el que levitó por estos lares el año pasado. Un momento de despiste que no estaba programado. Un espejismo de dudas que duró apenas un set.

No obstante, los gestos de cansancio, los cambios de ritmo, las miradas en busca de un descanso se suceden. David Ferrer en cuartos le exige hasta su propia extenuación pagándole con su misma moneda: correr, correr, devolver una pelota más que el adversario y volver a correr. Más exigencia para un Djokovic que sufre más, incluso llegó a quejarse de una lesión, real o no. El espejismo se desvaneció. Ferrer fue otra muesca en su revólver.

El serbio intenta encontrar aliento

Y entonces, Andy Murray le exigió todo. Siempre con mejor cara que el serbio, el escocés, madurado en las derrotas, obligó a Djokovic a cambiar el guión. Después de un primer set arrasador, fue el serbio quien pasó a defender, fue el serbio el exigido en lo físico y en lo mental, fue el serbio el que tuvo que levantar una pelota de rotura tras otra. Su saque se le hizo un mundo y, roto de cansancio y de alergia —pidió pañuelos durante todo el encuentro—, no tuvo más opción que bailar donde Murray quería.

En nada se pareció este encuentro al que protagonizaron ambos en la final del año pasado cuando el serbio venció por 6-4, 6-2 y 6-3. Cada punto era una victoria; cada aliento, una agonía. Fiel a sus altibajos mentales, el escocés dejó escapar la victoria, fue Djokovic quien echó el último aliento y dio el último hachazo. «Aunque le veas agonizando, va a buscar el golpe ganador y lo encuentra», reconoce Murray.

Después de cinco horas, el serbio levantó los brazos para abrazar su tercera final de Grand Slam consecutiva en la que se medirá este domingo a Rafa Nadal, pero sus piernas acumulan 32 juegos y dos horas más que a estas alturas el curso pasado.

«Ahora la clave está en descansar todo lo posible este día y medio, tengo que estar lo mejor posible. Rafa tiene más descanso, está jugando muy bien y, definitivamente, quiere ganar este título». Reconoció que quizá tenga cierta ventaja mental sobre el español. «Pero es un año diferente», advierte.

Sigue teniendo un tenis arrollador, volverá a disputar una final, pero ha revelado resquicios de debilidad en su físico y en su mente. Djokovic también es humano.

La noticia, en abc.es.

Djokovic muestra su agotamiento durante el partido contra Murray

 

 

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