El último salto de una pionera

Con 34 años, Gemma Mengual deja la natación sincronizada, el deporte que ayudó a crear

En las paredes de las piscinas Picornell de Barcelona todavía resuenan los rasgueos de la guitarra flamenca que acompañó a Gemma Mengual en su bautismo del éxito. En el lejano 2003, y con 26 años, esta barcelonesa sacó del ostracismo a la natación sincronizada en España y la convirtió en plata. Pero con sus primeros metales no solo abrió una puerta, sino que inventó un camino rompiendo una tradición impuesta por la técnica y la mecánica de las escuelas rusas. Con la fuerza de sus piernas, de sus giros, y sobre todo, la expresividad de sus ojos, su cara, sus gestos y su carisma, dentro y fuera del agua, Gemma Mengual creó una natación sincronizada donde la belleza artística se hizo eje central, y base para cosechar triunfos en cada competición. Inventó una escuela paralela, y un camino por donde pasear hacia el éxito.

Tanta ha sido la presión que ejercía Mengual desde su expresividad y pasión, que las rusas, inalcanzable su atalaya de perfección y oros, comienzan a explotar su lado creativo. «Gemma no nada, se desliza, y habla con las piernas —comenta para ABC su compañera de equipo Raquel Corral—; una cosa es sonreír y expresarte cuando estás fuera del agua, y otra cosa que se te caigan las lágrimas viendo cómo se mueven sus piernas y cómo te transmiten lo que sienten».

Su carisma, su personalidad y la pasión con la que bailaba sobre el agua no solo se reflejaban dentro de la piscina. El liderazgo innato no es impostado, y la estrella la seguía en cualquier competición, en cualquier lugar del mundo. Eran las rusas quienes ganaban los dieces y los oros; era Gemma Mengual quien se llevaba los mayores aplausos, la perseguida para el autógrafo, la reconocida aun sin maquillaje, la preferida de la prensa, nacional y extranjera. «Más allá de los éxitos, Gemma llevó a la natación sincronizada a lo más alto con su clase y su elegancia», afirma el periodista Moisés Rodríguez. «Era muy consciente de lo que representaba en el mundo del deporte, y de cómo llevarlo».

Siempre correcta y discreta, Mengual dice adiós a más de una década de trabajo y esfuerzo en la élite, y una vida dedicada a la piscina que le ha reportado muchos éxitos profesionales. Hace dos años decidió tener su triunfo personal. Ser madre se convirtió en su sueño fuera del agua y, en un excelso currículum, su hijo Nil es su medalla más preciada. No obstante, la barcelonesa no dejó de pensar en la piscina, a la que volvió para centrarse en llegar a su cuarta cita olímpica. Sin embargo, «puedes ponerte un objetivo y la cabeza decirte otra cosa», reflexiona Corral. Quizá no vio asegurado un puesto en el dúo que luchara por las medallas en Londres, y decidió poner punto final a su carrera a pocas semanas del Preolímpico.

Fuera del alcance queda, por tanto, despedirse de la piscina que la vio nacer como estrella. «Hubiera sido ideal que cerrara su carrera en el Mundial de Barcelona del año que viene, pero cada uno tiene su momento», sentencia Corral. «En un deporte en el que todo se basa en la elasticidad del cuerpo, es posible que Gemma no se encontrara convencida de su rendimiento», apostilla Rodrigo Gil, de la Federación Española de Natación, «y si alguien no necesita otros Juegos para demostrar nada, es ella».

Gemma Mengual, brillando sobre el agua en el Mundial de Roma 2009 (EFE)

Aunque la calidad innata necesita de alguien que la dirija hacia la perfección. Y el papel de maestra fue para Anna Tarrés. Si Mengual aportó el talento natural, Tarrés, entrenadora y seleccionadora, puso la creatividad y capacidad de trabajo para pulir un brillante irrepetible. «Anna es otra de las claves del éxito de la sincronizada en España, su búsqueda constante de nuevas formas, nuevos espectáculos, nuevos diseños, nuevas tendencias», añade Gil.

Pocos son los deportistas con la luz de Mengual: Manuel Estiarte, Martín López Zubero, Gervasio Deferr, Almudena Cid... Nombres que elevan el deporte a otra categoría y que dejaron un hueco difícil de llenar. Sin embargo, el ímpetu de Tarrés y la experiencia de Mengual tienen descendencia. Andrea Fuentes ya ha recogido el testigo y lo lleva con respeto, orgullo y triunfos. Dos personalidades, pero un mismo objetivo: mantener abierta la escuela de arte y éxitos. La guitarra flamenca continúa sonando.

Aquí, con galería de fotos, en ABC.

Y aquí, la rueda de prensa de su despedida.

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