Mi turno

Hace más de un año de aquel sueño que cumplí. La pista central de Roland Garros se abría ante mí en un fugacísimo viaje en el que me demostré que nunca he dejado de vivir por mis metas. Más tarde de lo que hubiera pensado, llegó mi gloria parisina. Casi otra vida, otra profesión, otro presente, pero el objetivo al fin.

Hace más de un año de aquel billete para Disneyworld. Hace más de un año de esa noche calurosa de mayo en que desapareció la Torre Eiffel. Y hace poco más de dos meses que volvió a aparecer. Un simple gesto que no merecía, y que tuvo un significado muy especial -el qué, el cuándo, el cómo, el quién, muchos matices-, y que conservaré siempre en esa mesilla en la que ahora reposa, tranquila y brillante, cuidándome los sueños que construyo cada vez que cierro los ojos, sea por mucho tiempo o en un simple parpadeo.

Un año después de su desaparición, la Torre Eiffel regresó en mi mesilla

Hace menos de una semana que otro simbólico sueño vive junto a mi cama. Me devuelve a mi infancia, pero es una invitación a crecer, a escaparme del nido y echar a volar un poco. Otro gesto, otra mano, mismo significado. Un Lego. Símbolo de niñez, pero que encierra expectación, ilusión, nervios, madurez.

Un Lego, símbolo de lo que fui y de lo que soy

Un Lego y una Torre Eiffel. Pequeños detalles. Grandes significados. Un Lego y una Torre Eiffel. Testigos de viajes especiales que se me ofrecen porque seré yo la siguiente. Estoy a escasas horas de tomar un avión rumbo a lo que esconden una Torre Eiffel y un Lego: un viaje en el que, esta vez sí, seré yo quien pueda, a la vuelta, regalar detalles de la experiencia.

Y aunque soy consciente de que el viaje no es un regalo, que esconde también trampas y es el premio de consolación de algo que se me negó o no pudo darse, trataré de olvidarlo cuando llene la maleta de la ilusión y las sonrisas que se me escapan en la cuenta atrás.

London calling!! http://www.youtube.com/watch?v=4vHvzybkqfo