Los Juegos de los héroes y los récords

Los Juegos Paralímpicos volvían a casa, a Londres, de donde surgieron por primera vez, en el Hospital Stoke Mandeville, en 1948. Y como un hijo pródigo fue recibido por todos los londinenses. Abarrotadas todas las sedes, a cualquier hora y de la noche para arropar a sus deportistas, británicos o no. Los decimocuartos Juegos cerraron el telón ayer, pero la llama paralímpica continúa brillando en cada deportista.

Fenómenos en la pista, generosos con el esfuerzo. Cada gota de sudor, cada llanto de rabia, cada grito de alegría esconden su discapacidad, invisible en los resultados, en las marcas superadas, en las barreras derribadas. Deportistas de élite que no se conforman con la plata, siempre tan escurridizo el oro, y más en esta cita paralímpica en el que el nivel ha estado más alto que nunca. Solo en natación y atletismo se han impuesto 275 nuevos récords mundiales, muestra inequívoca de que aquí no se han escatimado energías ni se ha regalado nada.

También la delegación española lo ha ofrecido todo. Y aunque no se alcanzó el listón de Pekín 2008 (58 medallas), España se trae en la maleta 42 metales que le dejan en el puesto décimo por número de medallas y en el 17 por número de oros (8, 18 platas y 16 bronces). Datos positivos para un equipo en el que los veteranos han empujado a los demás. Brillantes han sido las actuaciones de la incombustible Teresa Perales (un oro, tres platas y dos bronces), Sebastián «Chano» Rodríguez (dos platas y un bronce) y Richard Oribe (plata y bronce). Entre los tres suman 129 años y 52 metales en sus carreras deportivas. Ellos, con toda su experiencia, han sido el ejemplo de los que están obligados a sucederles, como Sarai Gascón (20 años, una plata y un bronce), Alfonso Cabello (18 años, oro y récord del mundo) y Michelle Alonso (18 años, oro y récord del mundo). Destinados a dar el impulso necesario para que en Río 2016, España recupere el esplendor que cosechaba desde el espíritu de Barcelona 92.

Toca reflexionar lo que se ha hecho bien y lo que todavía queda por hacer. Alberto Jofre, director técnico del Comité Paralímpico Español, lo advirtió en su valoración final: «Quizá nosotros hayamos ido a 120, pero hay países que lo han hecho a 130 y hay que cambiar esa tendencia». Apretar el acelerador hacia 2016, aunque sin dejar de valorar que las medallas se han puesto más caras que nunca, pero hay potencia para activarlo. A partir de hoy se mira al futuro, pero viendo de reojo lo brillantes que han sido esas 42 medallas, especiales los oros de Teresa Perales, David Casinos, Carmen Herrera, Alfonso Cabello, Michelle Alonso, Alberto Suárez, Christian Venge y José Antonio Expósito.

La natación, como de costumbre, fue el caldo de cultivo de la mayoría de los metales, pero también brillaron el atletismo y el ciclismo. Reapareció el baloncesto 16 años después de su última participación paralímpica para cosechar un fantástico diploma por su quinto puesto. Regresó José Antonio Expósito a su trono en la longitud 12 años después de la última prueba para discapacitados intelectuales. Muchos y muy buenos momentos que deja el álbum de Londres 2012.

Deporte, solo deporte

Incluso José Antonio Villanueva, piloto de Enrique Porto en el tándem, reconocía abiertamente que le había costado más alcanzar las marcas para entrar en los Paralímpicos que en los Olímpicos. Incluso los deportistas que consiguen batir marcas de ensueño en la piscina sin utilizar las piernas se sorprendían de lo que eran capaces de hacer sus propios compañeros de Juegos. La magia del esfuerzo y la superación, palabra que deja de tener sentido cuando se trata de ellos. En Londres solo hubo deporte. Porque solo importó conseguir el blanco en la diana aunque seas Matt Stutzman y no tengas brazos. Nadie como él, y los más de 4.000 deportistas que lucharon en Londres 2012 para demostrar que las discapacidades solo están en los ojos de los demás.

En Londres, el fútbol se jugó solo por el afán de marcar un gol, aunque no se viera la pelota. Se llegó a la canasta aunque la silla chocara con otra y cayera al suelo. El listón se superó saltando con una sola pierna. La pelota se devolvió aunque la paleta estuviera atada a lo que queda de brazo. Se logró el punto en voleibol por encima de una red a la altura de la cintura porque sentados todos somos igual de altos. La meta se alcanzó aunque los pedales los llevan las manos y no los pies. En Londres, se aplaudieron los éxitos sin importar las carencias, invisibles en los resultados. Se admiró al deportista por lo que ha superado, y no solo en la vida. En Londres, por encima de todo se valoró el deporte. En estado puro.

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Esther Vergeer, 470 partidos sin conocer la derrota

La constancia se llama Esther Vergeer. Es holandesa, de Woerden, tiene 31 años y 470 victorias consecutivas en su palmarés tenístico. Ayer sumó su cuarto oro paralímpico, un trofeo que suma a sus 42 Grand Slams (21 individuales) y a sus trece años como número 1 del ranking.

Ayer tampoco pudo encontrar rival. Jugaba contra una compatriota, Aniek van Koot, pero no tuvo piedad, le dejó hacer tres juegos. Su derecha fue demoledora y no dio una pelota por perdida. Al final, 6-0 y 6-3 y su título 163 en la carrera.

Vergeer se quedó en una silla de ruedas a la edad de 8 años. Entró en un quirófano para quitarse unas venas nocivas cerca de la espina dorsal, yun fallo médico la sentó de por vida. Después de la rehabilitación encontró en el deporte una forma de superar la depresión que le causó no poder hacer una vida normal como el resto de sus compañeros. La compasión que despertaba no le gustaba en absoluto y el deporte le dio la confianza necesaria para ser ella misma. Dentro de las canchas de juego no existía la silla.

Curiosamente, Vergeer apenas era deportista antes de sentarse en la silla, pero probó el voleibol y, sobre todo, el baloncesto y vio que era buena. Tanto, que ganó el campeonato de Europa de 1997 con la camiseta nacional holandesa. Su rehabilitación fue el deporte.

En la pista ella es la reina, y todavía no ha nacido rival que le haga sombra. Desde 2002, Vergeer ha hecho pleno en todos los campeonatos en los que ha participado: nueve Wimbledon (no participó en 2005 y 2010), nueve Roland Garros (no participó en 2003 y 2004) y ocho US Open (se ausentó en 2004 y no hubo en 2008 y 2012). Un palmarés de récord que no tiene ganas de manchar con una victoria, aunque ya no se acuerde de qué se siente cuando pierde. “Eso es algo de los periodistas, pero no me motiva. Hoy había mucha presión en mí. La gente no se da cuenta de que detrás de cada medalla hay mucho esfuerzo. Sé que algún día perderé, pero por ahora haré todo lo posible por seguir ganando”, sonríe la holandesa.

Silla y entrenador a medida

La silla de ruedas de Vergeer no es como las demás. La suya, más incómoda para la propia tenista, tiene una sujeción especial para las piernas que le impide moverse ni un centímetro. A las demás, las correas les permiten deslizarse por el asiento, algo que Vergeer no soporta. Con las piernas totalmente aprisionadas puede mover la silla sin preocuparse de que un pie se mueva o no.

Al otro lado de la pista cuando no hay competición tiene a un entrenador que sabe cómo hacer de una tenista una campeona. Sven Groeneveld la lleva de la mano hacia el éxito. Elexentrenador de Caroline Wozniacki, Mary Pierce o Ana Ivanovic entre otras guía su carrera desde 2009 y le ayudó a devolver la presión igual que a las derechas. Son las rivales de Bergeer quien se creen con la obligación de vencerla. No ella. Pero no pueden.

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Alex Zanardi volvió de la muerte para ganar el oro

Volvió a nacer. Dos veces. Una en 1993, casi sin consecuencias, otra en 2001. Aunque la suerte le siguió acompañando, perdió las piernas. Dos accidentes de coche era demasiado arriesgar. Pero Alex Zanardi no se despega de la velocidad y hoy ha sido el más rápido en su “handbike” en la contrarreloj de carretera. Dos accidentes mortales después, Zanardi es oro.

El piloto italiano comenzó en los 90 y a finales de la década ya había logrado dos campeonatos en Fórmula CART (Championship Auto Racing Teams), la fórmula1 de Estados Unidos. La velocidad era su máxima ilusión y probó suerte en la Fórmula1. El equipo Lotus le dio la oportunidad, aunque no llegó a brillar, compitió en tres temporadas, sumando sus primeros seis puntos en el circuito de Brasil. A la tercera, ya en el equipo Spa, sufrió el primero de los accidentes en 1993. Salió ileso, pero los técnicos y los médicos afirmaron que había soportado un choque 18 veces más fuerte del que normalmente termina en fallecimiento. Fue su primer renacimiento.

http://www.youtube.com/watch?v=p3HsAFz5cEs

Su predilección por los coches y la velocidad no le paró, y Zanardi volvió a ponerse detrás de un volante. No obstante, Jenson Button le apeó de la Fórmula1 en la escudería Williams y el italiano tuvo que volver a la Fórmula CART. Sin embargo, la suerte le tenía deparada otra sorpresa, más bruta en esta ocasión. En 2001, en el circuito de Lausitz (Alemania) se pasó en una curva y el coche que iba detrás (conducido por el canadiense Alex Tagliani a más de 320 kilómetros por hora) no pudo esquivarlo.

http://www.youtube.com/watch?v=-wXDQcFRY9I

Zanardi fue trasladado a un hospital con mínimas posibilidades de sobrevivir. Le tuvieron que amputar las piernas. Siete veces se había parado su corazón. Le dieron la extremaunción. Despertó siete días más tarde. Él insistió en vivir.

E insistió en conducir. Había sido su vida, su pasión, y estar amputado de ambas piernas desde casi la cadera no le paró. Apenas dos años más tarde del accidente se volvió a montar en un coche para participar en el Campeonato Mundial de Turismos con el equipo BMW desde 2003 hasta 2009.

No obstante, las prótesis de sus piernas eran demasiado molestas y probó el handbike (bicicleta de manos) para seguir pegado a la carretera, pero sin sufrir tanto. Quería competir por su país en unos Juegos Paralímpicos y ya a finales de 2001 ganó su medalla de plata en un torneo senior. Hoy ha ganado el oro en Londres 2012. La carretera sigue siendo suya.

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Teresa Perales es única

Como ella no hay dos. La nadadora Teresa Perales (Zaragoza, 29-12-1975) se hizo leyenda y con letras de oro, como la medalla que consiguió ayer en su última prueba en los Juegos. Un broche fantástico a su participación en Londres 2012 donde ha hecho podio en todas sus pruebas. Seis de seis. Un pleno que la encumbra y que la eleva al olimpo de los más laureados. Iguala a Michael Phelps con 22 preseas, pero el norteamericano dijo adiós a la competición y Perales, según confesó ella misma, hay para rato.

«Lo de las 22 medallas está bien, pero no era lo que más me importaba. Son muchas, pero el oro de hoy (por ayer) es lo que me confirma que sigo estando ahí y que soy la mejor en algo», afirmó la nadadora nada más terminar la prueba. Su competitividad tiene recompensa, pero también conlleva una carga de trabajo que nadie le obliga; es ella misma quien se la impone. Comenzó en la piscina a regañadientes, no le gustaba el agua y sí el tatami donde practicaba sus llaves de kárate. Pero la vida, a veces, indica el mejor de los caminos. Una neuropatía comenzó a afectarle la movilidad de las piernas y con 19 años vio el futuro en silla de ruedas. En el agua encontró un bote salvavidas al que agarrarse para continuar navegando.

«Eres un diamante en bruto», le dijo un día su entrenador. Ella no se lo creyó, pero los resultados comenzaron a convencerla. Solo un año después de lanzarse a la piscina ganó su primera medalla, un bronceen el campeonato del mundo de Nueva Zelanda en 1998. Allí empezó a forjar su leyenda. Un preludio de lo que llegaría apenas dos años más tarde en los Juegos Paralímpicos de Sidney: una medalla de plata y cuatro de bronce. Fiel a su carácter competitivo y constante, Perales llegó a Atenas 2004 para revolucionar sus marcas y superarse como solo ella sabe hacer. De sus segundos Juegos se trajo seis medallas: tres bronces, una plata y los dos primeros oros de su palmarés. Uno en su prueba favorita, los 100 metros libres y el segundo en 50 mariposa, el estilo que ha nadado toda su vida por su rehabilitación.

Se inventó la «Teoría del espiralismo», rodearse de todo lo que hace feliz, para cultivar una sonrisa que llega a todos y a todas partes. Con ella conquistó Pekín 2008, en donde logró tres oros, una plata y un bronce. Y ha conquistado Londres: tres platas, dos bronces y un oro que destaca sobre los demás por lo que significa para ella y para los demás. Ser la mejor.

Con los grandísimos Teresa Perales y Richard Oribe

Pero no solo dentro de la piscina distribuye alegrías y da ejemplo de que el esfuerzo tiene recompensa. Su «vocación de servicio», como ella dice, la llevó a la vida política, donde ejerce como directora general de Atención a la Dependencia del Departamento de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón. Éxito laboral que compagina como puede con los entrenamientos, su predilección por los zapatos —«Cuanto más tacón, mejor, yo no me canso de llevarlos»— y su pequeño orgullo de dos años y medio, Nano, por quien hizo un parón tras Pekín. Él es quien ha recibido, y demandado, los metales que su madre, obediente, le ofrecía cada tarde. Nano era su deseo y a Perales no le para nadie cuando se empeña en lograr algo. En Londres lo ha logrado todo. Podios en todas las pruebas y oro para terminar. Y lo que le queda. Phelps, tiembla.

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Matt Stutzman, el arquero prodigioso

Nacer sin brazos no le ha impedido conducir, arreglar bicicletas o lanzar flechas con puntería de plata

Una entre 350.000. Esas son las probabilidades que tiene una persona de nacer sin brazos por una malformación que todavía no tiene explicación médica. A Matt Stutzman (Kansas, 10-12-1982) le tocó el boleto. Y sus padres no quisieron el premio. Lo dieron en adopción a los cuatro meses y fue acogido por una familia que fijó su posición ante la vida. Pudiendo adecuar la casa a su capacidad, decidieron que fuera él quien se adaptara al mundo. Y el norteamericano creció con la idea de que no le faltaba nada. Este lunes estuvo cerca de llevarse el oro, pero la plata en sus primeros Juegos Paralímpicos demostró que todo está al alcance de sus pies.

Creció en una granja en Kalona (Iowa) ayudando igual que sus hermanos, jugó con ellos a baloncesto, voleibol, fútbol… Y a pesar de contar con las prótesis en sus brazos, en la escuela donde su padre era el director, situaron su pupitre en el suelo y sus pies comenzaron a ser como las manos de un pianista: ágiles, fuertes, precisos. Le gustaba la caza y descubrió que podía hacerle un agujero a una moneda a 50 metros. Se interesó por el arco y su padre, fiel a la educación que quería inculcar, le pagó solo la mitad, Matt debía pagar el resto. Se enfrentó a la vida social donde solo se encontró miradas de sorpresa y decepciones, una negativa detrás de otra en cualquier trabajo. Pero Matt sabía hacer de todo, desde cambiar una rueda de bicicleta a vender coches usados. El arco fue suyo.

Mientras afinaba su puntería en campeonatos provinciales y nacionales, se enfrentó al siempre sobreprotector sistema estadounidense que solo veía en él un discapacitado. Le prohibieron durante mucho tiempo sacarse el carné de conducir. Pero creció en un entorno en el que la libertad para intentarlo todo era infinita. Su pie izquierdo maneja los pedales, el derecho, el volante y las luces. Sus hijos, Carter y Cameron, nunca llegan tarde al colegio cuando los lleva su padre.

De su afición por la caza con arco, a la plata lograda en Londres, en sus primeros Juegos Paralímpicos donde se ha ganado el cariño de todos. Suaplauso fue el más largo porque se empeñó en hacer reír a la gente. Ondeó la bandera americana que llevaba en la boca e hizo malabares con los pies para coger el ramo de flores que le ofrecían tras la medalla. Atento con todos, sonriente y divertido, todo son elogios para un hombre prodigioso que carga el arco con los pies, tensa la cuerda con la pierna y dispara con la boca con puntería milimétrica. Efectivamente, es uno entre 350.000.

Vuelta a la vida y diploma

«Es un prodigio. Es increíble lo que hace, la calidad técnica que tiene, su fuerza en los pies y en la espalda para mantener el equilibrio y la atención en la diana», son palabras de elogio deGuillermo Rodríguez, su rival en las semifinales que ha sucumbido ante sus nervios y la perfección sin brazos.

Rodríguez (Narón, 7-2-1960) tiene paralizadas las piernas de cintura para abajo. Enfermero de la marina, siempre se mantuvo en forma practicando mil deportes a un buen nivel. Pero en 2002, llegaba con su ambulancia para socorrer un accidente y el camión de explosivos que iba delante explotó, haciendo que Rodríguez chocara contra él. A punto estuvo de quedarse sin piernas. Las mantiene, pero llenas de señales que le recuerdan que podía haber muerto. Un hierro le recorre el fémur desde la cadera hasta la rodilla y una tobillera le une la pierna con el pie, incapaz por sí solo de moverse.

Son algunas de las consecuencias. Pero, a pesar de la pérdida de masa muscular de cintura para abajo, su tren superior se mantiene fuerte y coordinado. Fantástico para ser cuarto -diploma-, y luchar, de tu a tú, contra Stutzman. Dos prodigios del arco.

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