Teresa Perales es única

Como ella no hay dos. La nadadora Teresa Perales (Zaragoza, 29-12-1975) se hizo leyenda y con letras de oro, como la medalla que consiguió ayer en su última prueba en los Juegos. Un broche fantástico a su participación en Londres 2012 donde ha hecho podio en todas sus pruebas. Seis de seis. Un pleno que la encumbra y que la eleva al olimpo de los más laureados. Iguala a Michael Phelps con 22 preseas, pero el norteamericano dijo adiós a la competición y Perales, según confesó ella misma, hay para rato.

«Lo de las 22 medallas está bien, pero no era lo que más me importaba. Son muchas, pero el oro de hoy (por ayer) es lo que me confirma que sigo estando ahí y que soy la mejor en algo», afirmó la nadadora nada más terminar la prueba. Su competitividad tiene recompensa, pero también conlleva una carga de trabajo que nadie le obliga; es ella misma quien se la impone. Comenzó en la piscina a regañadientes, no le gustaba el agua y sí el tatami donde practicaba sus llaves de kárate. Pero la vida, a veces, indica el mejor de los caminos. Una neuropatía comenzó a afectarle la movilidad de las piernas y con 19 años vio el futuro en silla de ruedas. En el agua encontró un bote salvavidas al que agarrarse para continuar navegando.

«Eres un diamante en bruto», le dijo un día su entrenador. Ella no se lo creyó, pero los resultados comenzaron a convencerla. Solo un año después de lanzarse a la piscina ganó su primera medalla, un bronceen el campeonato del mundo de Nueva Zelanda en 1998. Allí empezó a forjar su leyenda. Un preludio de lo que llegaría apenas dos años más tarde en los Juegos Paralímpicos de Sidney: una medalla de plata y cuatro de bronce. Fiel a su carácter competitivo y constante, Perales llegó a Atenas 2004 para revolucionar sus marcas y superarse como solo ella sabe hacer. De sus segundos Juegos se trajo seis medallas: tres bronces, una plata y los dos primeros oros de su palmarés. Uno en su prueba favorita, los 100 metros libres y el segundo en 50 mariposa, el estilo que ha nadado toda su vida por su rehabilitación.

Se inventó la «Teoría del espiralismo», rodearse de todo lo que hace feliz, para cultivar una sonrisa que llega a todos y a todas partes. Con ella conquistó Pekín 2008, en donde logró tres oros, una plata y un bronce. Y ha conquistado Londres: tres platas, dos bronces y un oro que destaca sobre los demás por lo que significa para ella y para los demás. Ser la mejor.

Con los grandísimos Teresa Perales y Richard Oribe

Pero no solo dentro de la piscina distribuye alegrías y da ejemplo de que el esfuerzo tiene recompensa. Su «vocación de servicio», como ella dice, la llevó a la vida política, donde ejerce como directora general de Atención a la Dependencia del Departamento de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón. Éxito laboral que compagina como puede con los entrenamientos, su predilección por los zapatos —«Cuanto más tacón, mejor, yo no me canso de llevarlos»— y su pequeño orgullo de dos años y medio, Nano, por quien hizo un parón tras Pekín. Él es quien ha recibido, y demandado, los metales que su madre, obediente, le ofrecía cada tarde. Nano era su deseo y a Perales no le para nadie cuando se empeña en lograr algo. En Londres lo ha logrado todo. Podios en todas las pruebas y oro para terminar. Y lo que le queda. Phelps, tiembla.

En ABC, aquí.

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