Esther Vergeer, 470 partidos sin conocer la derrota

La constancia se llama Esther Vergeer. Es holandesa, de Woerden, tiene 31 años y 470 victorias consecutivas en su palmarés tenístico. Ayer sumó su cuarto oro paralímpico, un trofeo que suma a sus 42 Grand Slams (21 individuales) y a sus trece años como número 1 del ranking.

Ayer tampoco pudo encontrar rival. Jugaba contra una compatriota, Aniek van Koot, pero no tuvo piedad, le dejó hacer tres juegos. Su derecha fue demoledora y no dio una pelota por perdida. Al final, 6-0 y 6-3 y su título 163 en la carrera.

Vergeer se quedó en una silla de ruedas a la edad de 8 años. Entró en un quirófano para quitarse unas venas nocivas cerca de la espina dorsal, yun fallo médico la sentó de por vida. Después de la rehabilitación encontró en el deporte una forma de superar la depresión que le causó no poder hacer una vida normal como el resto de sus compañeros. La compasión que despertaba no le gustaba en absoluto y el deporte le dio la confianza necesaria para ser ella misma. Dentro de las canchas de juego no existía la silla.

Curiosamente, Vergeer apenas era deportista antes de sentarse en la silla, pero probó el voleibol y, sobre todo, el baloncesto y vio que era buena. Tanto, que ganó el campeonato de Europa de 1997 con la camiseta nacional holandesa. Su rehabilitación fue el deporte.

En la pista ella es la reina, y todavía no ha nacido rival que le haga sombra. Desde 2002, Vergeer ha hecho pleno en todos los campeonatos en los que ha participado: nueve Wimbledon (no participó en 2005 y 2010), nueve Roland Garros (no participó en 2003 y 2004) y ocho US Open (se ausentó en 2004 y no hubo en 2008 y 2012). Un palmarés de récord que no tiene ganas de manchar con una victoria, aunque ya no se acuerde de qué se siente cuando pierde. “Eso es algo de los periodistas, pero no me motiva. Hoy había mucha presión en mí. La gente no se da cuenta de que detrás de cada medalla hay mucho esfuerzo. Sé que algún día perderé, pero por ahora haré todo lo posible por seguir ganando”, sonríe la holandesa.

Silla y entrenador a medida

La silla de ruedas de Vergeer no es como las demás. La suya, más incómoda para la propia tenista, tiene una sujeción especial para las piernas que le impide moverse ni un centímetro. A las demás, las correas les permiten deslizarse por el asiento, algo que Vergeer no soporta. Con las piernas totalmente aprisionadas puede mover la silla sin preocuparse de que un pie se mueva o no.

Al otro lado de la pista cuando no hay competición tiene a un entrenador que sabe cómo hacer de una tenista una campeona. Sven Groeneveld la lleva de la mano hacia el éxito. Elexentrenador de Caroline Wozniacki, Mary Pierce o Ana Ivanovic entre otras guía su carrera desde 2009 y le ayudó a devolver la presión igual que a las derechas. Son las rivales de Bergeer quien se creen con la obligación de vencerla. No ella. Pero no pueden.

En ABC.es, aquí.

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