Ruidos nuevos

Cierro los ojos y la gota me golpea en el oído, monótona, regular e implacable. Me levanto en su busca y me acecha un nuevo sonido que no identifico, pero que se amplifica en la soledad de la madrugada. En el camino, mis pies, vacilantes y desnudos, encuentran un crujido que acaba de nacer.

Después de vagabundear y obligar a mis ojos a mantenerse alerta cuando ya el sueño les atrapaba, no encuentro la gota, no hay ni rastro de ese otro sonido indescriptible por desconocido, pero el crujido me lo salto.

Vuelvo a cerrar los ojos con la gota atormentando mis oídos, rebosantes de felicidad, colmados de la alegría de saber que tardaré un tiempo en domesticar estos nuevos ruidos. Los que estreno en mi nueva casita. Bienvenidos.

 

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