Boyhood

A Boyhood se llega en bicicleta, en coche clásico, en monovolumen familiar o furgoneta alquilada. Con la vida resuelta en cuatro cajas en el maletero y los deshechos desperdigados en el jardín del olvido. Allí se queda la infancia, que no sabemos que existe hasta que se consume en la última vela, y la adolescencia, que nos hace fruncir el ceño cuando alguien habla de preservativos.

De Boyhood se sale por obligación, escupido hacia delante cuando todavía no sabes ni quién has sido ni quién eres ni mucho menos quién serás. Ni te importa. No es un lienzo en blanco, es un callejón oscuro con trampas, del que sientes que no puedes salir porque te faltan caídas para ser más fuerte y conocimientos de todo lo que desconoces para ser más alto.

En Boyhood encuentras las sensaciones, los sentimientos, las peleas, las caricias. Es un estado mental, fugaz, etéreo como son las cosas importantes de la vida, las que se aprietan tan fuerte que se escurren de tanto quererlas, como un puñado de arena antes de que el agua la convierta en huellas.

Boyhood circula por una autopista que se alimenta de bifurcaciones, de señales de Stop y de cambios de sentido, aunque cuando entramos en él es otra persona la que sale al otro lado de la rotonda.

Boyhood son las marcas de lápiz en el quicio de la puerta, el espejo sostenido en el tiempo, la nada entre el todo.

Boyhood es mi infancia, mi adolescencia, mi juventud.

Boyhood soy yo
Boyhood soy yo

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s