Cita frustrada

Ella se fijó en él. En su distracción se golpeó en la cabeza de forma ridícula cuando pulsaba el botón para bajarse en la próxima parada. Él sonrió. Ella, a pesar de la rojez de sus mejillas, también. Él sacó un boli de la mochila y le garabateó en la mano su teléfono. Ella rodeó su cuello con la bufanda y saltó en el último instante a la acera. Se giró, quería verlo por última vez. El autobús arrancó y la bufanda, enganchada entre las dos puertas, le apretó la garganta como él le había apretado el corazón.

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