Donde una vez fuimos felices

En el fondo sé que te gustó, chipirón. Aunque ni siquiera tú te des cuenta. Quizá, algún día, mientras te comas con esa lentitud tuya el plátano de la merienda se te encienda en la cabeza una luz, naranja, y recuerdes lo grande que era la pista de tenis. Lo arriba que estabas, lo alta que estaba la música.

En el fondo. Porque ni siquiera dijiste más de seis palabras en el paseo que dimos entre partido y partido. Pero fueron seis palabras que me guardaré en la hucha de cosas imborrables: “Vamos a ver el partido ya”.

Ni siquiera yo me di cuenta de la ilusión que me hicieron esas palabras hasta que llegué a casa, todavía carcomiéndome la duda de si te había dado todas las herramientas necesarias para que disfrutaras ese día. “Vamos a ver el partido ya”.

Viste la final de las chicas: Simona Halep-Dominika Cibulkova, casi sin levantarte de la silla. El baile entre juego y juego te animó, y solo el pis te obligó a perderte cómo le daban la copa a Halep.

Y quisiste regresar corriendo a tu asiento cuando supiste que iba a empezar Novak Djokovic-Kei Nishikori.

“Vamos a ver el partido ya”.

Seis palabras. Mis dudas difuminadas en la sonrisa que se me quedó en la cara ya de noche, repasando tu día y el mío. Seis palabras. Y me hiciste feliz.

A ti, R. Sé que te gustó. Que aquel que iba al Príncipe Felipe a ver a Yevgeny Kafelnikov y a Carlos Moyá es el mismo tipo que disfrutó haciéndose la primera foto ya en la entrada, o con la raqueta gigante en la mano. O en el stand de la radio. Viendo tenis otra vez. Donde una vez fuimos felices, creamos recuerdos nuevos para volverlo a ser ayer. Gracias.

felices-blog

Anuncios