Nada cambia

Cambiarán las tecnologías, esas que de tan nuevas que siempre son, quedan obsoletas en cuando aparecen.
Cambiarán los periodistas, esos que se acostumbraron a vivir de esto, hasta que esto dejó de vivir para ellos.
Cambiará el método de trabajo. Si antes el cigarrillo y la botella de whisky en la cajonera; ahora el iPad, iPhone, Tablet y demás drogas de diseño en la mesa.
Pero nada cambiará en lo que de verdad importa -aunque cada vez importe menos-, la noticia.

El 25 de noviembre de 1943, ABC explicaba:
“Hoy -telegrafían de Sevilla- los más ancianos a la sombra de la Giralda no recuerdan frío tan tremendo desde la fecha lejana en que ellos fueron mocitos”.

El frío, siempre más intenso el año en que lo sufre nuestra piel, no entiende de memorias. Y los lectores, tampoco.

El frío, una constante
El frío, una constante en el Periodismo (ABC, 1943)
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Alberto Entrerríos: “Sentimos cómo el país se ilusionaba con nosotros”

Víctor Tomás afirmó con ojos brillantes que era un honor compartir vestuario con él. Albert Rocas le pidió públicamente que no abandonara la selección. Pero Alberto Entrerríos (Gijón, 7 de noviembre de 1976) sintió que era el momento de dejarlo. Podía haber sido antes, pero decidió que el Mundial de España sería una buena fecha. Aunque nunca se imaginó que su último partido como internacional tendría un premio tan dulce: su segunda medalla de oro. Excepcional colofón a una carrera que comenzó en 1998 y que suma 238 partidos y 726 goles.

—Imposible imaginar mejor final.
—Lo tenía decidido desde hace mucho, pero terminar así es el sueño de cualquier jugador.

—¿Qué recuerdos tiene del instante en el que se pita el final del partido?
—El de mis compañeros abrazándose, sintiéndonos todos tan útiles por haber llegado juntos hasta ese momento, un compañerismo tan puro. El de buscar a mi familia. Y, sobre todo, el de ver a todos tan enormemente felices.

—Tiene dos medallas de oro mundiales. ¿Se parecen en algo?
—Sí, sobre todo por el final, por ganar con tanta claridad y dedicarte a mirar el marcador en la segunda parte.

—En 2005, Croacia. En 2013, Dinamarca. ¿Se crecen en las finales?
—No pensábamos que nos iban a salir las cosas tan bien ni que llegase el momento en que los daneses quedarían conformes con el segundo puesto. Todos tenemos partidos muy difíciles en los que dices «hoy no me sale», pero nosotros intentamos la remontada, buscar algo de reacción, Dinamarca enseguida bajó los brazos y entendió que era nuestra fiesta.

—Le acompañaron sus hijos, Adrián y Daniela, en la celebración, ¿se enteraban de lo que ocurría a su alrededor?
—Les va tanto la marcha que se apuntaron enseguida a los confetis, la música y a la fiesta, y así lo vivieron. Creo que pensaron que era un cumpleaños.

—¿Dejará que sigan sus pasos?
—Por supuesto, los míos o los que ellos decidan. No quiero darme cuenta dentro de unos años de que les he manejado. Si juegan, que sea por diversión.

—¿Qué va a hacer con la camiseta de la selección?
—Irá al cajón donde guardo las camisetas especiales. Algunas las tengo para regalar, pero otras las guardo en
un sitio especial. Esta irá en ese.

—¿Se deja alguna cuenta pendiente?
—En la selección, nada. Y si me queda, ya no lo voy a intentar. Era el momento, no por el triunfo, sino por las fuerzas, ya no hay más. Estos dos o tres años que me quedan con el Nantes me apetece disfrutarlos con calma.

—¿Cree que echará algo de menos?
—Hoy por hoy, no lo creo. Mi etapa ha sido tan buena que más que echar de menos sentiré algo de nostalgia cuando vea los partidos por la televisión, pero nada más.

—¿Qué espera haber dejado de poso en el vestuario de la selección?
—El que me conoce sabe que me gusta sumar y ayudar al equipo, pero nunca imponerme. Siempre trabajo desde la mayor igualdad posible. En este Mundial era capitán, pero creo que mis compañeros no han vivido nunca con un capitán que se escaqueara tanto de serlo. Soy como cualquier otro.

—¿Y en la sociedad?
—Hemos cumplido los mejores pronósticos. Ganar el torneo de casa y dando una gran imagen de nuestro deporte y de nuestros valores: equipo, unión, sacrificio. Es lo que la gente necesitaba ver, que lo dábamos todo en la pista. Aunque no hubiéramos ganado, creo que también habría calado.

—¿Cree que cambiará la situación del balonmano a partir de este Mundial?
—Nos dimos cuenta de cómo el país descubría nuestro deporte, se enganchaba y alimentábamos su ilusión en
cada partido. Si todo fuera tan bien siempre tendríamos los pabellones llenos. Pero sí, espero que ayude, claro.

—¿Se plantea seguir vinculado al balonmano en algún otro puesto? 
—De momento no tengo ningún proyecto concreto. Estoy muy a gusto en Nantes y no me importaría tener una
relación con el club o con el balonmano francés cuando me retire, pero ahora mismo no tengo pensado  entrenar, quizá algo más en un segundo plano.

—¿Recuperará la guitarra?
—Cuando termine y tenga tiempo, sí me gustaría juntarme con unos amiguetes y hacer algo de ruido.

Sterbik frena a Hungría (22-28)

Paso a paso, la selección de balonmano acumula buen juego y mejores sensaciones. El de ayer, contra Hungría, fue además un salto de calidad ante una de los más fuertes equipos del grupo. Un examen que los de Valero Rivera superaron con nota gracias a una defensa y a un Sterbik que secó los ataques rivales. España suma dos puntos más y la confianza suficiente para que mañana, ante Croacia (19.00 horas, TDP), el objetivo de ser primeras de grupo no sea tan irreal.

Se enfrentaban dos candidatos al título, preparados para ofrecer su mejor versión porque los octavos se definen
ahora. No defraudaron. Tan frenético comenzó el partido que antes del primer minuto ya había tres goles en el marcador. Hungría comenzó muy fuerte, consciente de que debía llevar el partido hacia el contacto, la rapidez y la zurda de Nagy. Lo cumplió. Y España, que salió con demasiadas ganas, tuvo que luchar contra corriente porque no había huecos y la ventaja de dos goles que tomó el rival fue casi insalvable en la primera mitad.

Pero en cuanto Sterbik surgió imperial bajo los palos y el equipo se encontró con una grada entregada, capitaneada por el Príncipe Felipe, la victoria se hizo cada vez más real. Sarmiento y Rocas, desde los extremos, impusieron el empate justo antes del descanso. España terminó de creérselo y fue la dueña de la segunda mitad. La defensa mixta, con un Ariño anulando los 2.08 de Nagy, y la inclusión de Ruesga, Montoro y Antonio García, contribuyeron no solo frenar el ataque húngaro, sino también su táctica y sus ideas.

Espoleados por una afición que coreó el nombre del casi siempre impasible Sterbik una docena de veces, los de Valero Rivera aprovecharon el bajón del rival y no escatimaron esfuerzos para lograr un parcial que hizo inútil la vuelta a la pista de Nagy. España está preparada para Croacia. Un empate vale para ser primeros, pero el equipo puede y sueña con más.

Sterbik: “Contra Croacia, la concentración en defensa será clave”

España juega hoy (19.00h, TDP) el último partido de la fase preliminar del Mundial ante Croacia, duelo trascendental porque la selección de Valero Rivera se juega terminar como primera de su grupo. El empate valdría para cruzarse en octavos con el cuarto clasificado del grupo C y evitar a Francia en cuartos de final, pero los «hispanos» quieren brindar a la afición una victoria en la Caja Mágica. Un encuentro en el que tendrá mucho que decir el guardameta Arpad Sterbik. Camina por el hotel con aire despistado y con un aura de calma a su alrededor. Se dirige a por hielo para ponerse en la rodilla y deja caer sus dos metros de altura y 119 kilos en el sofá mientras se ajusta la rodillera. «Nada grave, cosas de la edad. El cuerpo, que empieza a estar ya mayor», sonríe. Sin embargo, Arpad Sterbik (Yugoslavia, 20 de noviembre de 1979) está en su mejor momento. Lo demostró el jueves ante Hungría. Sus dieciséis intervenciones providenciales desarmaron el ataque rival y le valieron el premio al Mejor Jugador del Partido. La importantísima victoria ante los húngaros (22-28) se cimentó en sus manos, grandes, poderosas y experimentadas.

—La selección ha subido mucho el nivel desde los primeros encuentros.
—Siempre se crece contra equipos más serios y que te ponen más dificultades. Sabíamos que para jugar contra Hungría teníamos que arreglar la defensa y los espacios. Contra Argelia y Egipto, al ser equipos africanos, era más difícil saber cómo teníamos que hacer las cosas porque juegan otro tipo de balonmano. También los australianos. Necesitábamos un partido contra un equipo europeo para saber realmente
en qué nivel estábamos.

—¿Todavía hay que mejorar?
—Sí. Contra Hungría salimos con muchas ganas y nos costó muchos errores en defensa. Y nos queda el rival
más difícil.

—Croacia…
—Siempre está luchando por todo. Son muy fuertes, grandes y es muy difícil jugar seis contra seis. Hay que estar concentrados en defensa y hacer goles fácil. Es muy importante ganarles para ser primeros y evitar los equipos más duros hasta el final.

—¿Habrá más presión mañana?
—No, tampoco es eso. Hay que intentar dar todo y ver dónde llegamos. Si damos todo y al final quedamos octavos que no pueda decir nadie que no luchamos a tope.

— ¿Impresiona tener a Nagy, a Karabatic o a Cupic a punto de lanzar?
—Se te pasan muchas cosas por la cabeza. Hay un montón de situaciones que tienes que tener en cuenta: cuál es la posición del contrario, qué posibilidades tiene de lanzar, cómo está tu defensa, hacia dónde podría ir el rebote, y elegir. Se hace la portería muy grande, pero si la defensa están bien es mucho más fácil para nosotros.

—Usted es portero por tradición familiar.
—Sí, vengo de una familia que siempre jugó al balonmano. Mi padre jugó, y mi abuelo. Yo solo seguí el camino
de ellos.

—Debutó con la selección española en 2009, ¿se siente mejor portero ahora?
—Creo que sí, que con la experiencia que tengo, sí he ganado. Es diferente ser portero a jugar en otra posición, por el desgaste físico puedes aguantar más años. Pero te ayuda mucho la experiencia, piensas mucho más, tienes más control de la situación y del espacio. Has pasado por mundiales, ligas… ya has parado mucho.

Viran Morros: “Hungría tiene un gran portero, pero claro que podemos vencer”

Con sus casi dos metros de altura, a Viran Morros (Barcelona, 15 de diciembre de 1983) todo se le hace pequeño, pero una hipotética y soñada final del Mundial de balonmano sería algo tan grande como él. Todavía no se permite pensar eso, hoy España se enfrenta a Hungría y el sábado a Croacia, los dos equipos más duros del grupo D. Sin embargo, «sería magnífico», reconoce. Sería su primera gran final en un escenario mágico, su casa. España lleva tres victorias en tres encuentros, pero hoy empieza el verdadero Mundial. Hungría es primer obstáculo de entidad, y se ha ganado la etiqueta de favorita por derecho propio.

–¿Cómo ha visto a Hungría?
–Están muy fuertes. Muy bien en defensa y con una portería imbatible. Nagy es uno de los mejores jugadores
del mundo y Csaszar está a muy alto nivel. Es un equipo muy completo.

–¿Se le puede parar?
–Por supuesto. Jugamos en casa, tenemos también un bloque muy fuerte y estoy seguro de que lucharemos por la victoria. Es un partido crucial para nuestro objetivo de ser primeras de grupo.

–¿Y a Croacia el sábado?
–Es un rival muy complicado. No se nos ha dado nunca bien. Les ganamos un partido en el europeo pero nos ganaron en el importante por el tercer y cuarto puesto. Su defensa para nosotros es muy difícil porque tienen gente muy grande, muy alta, muy dura. Tenemos que evitar su fluidez, cortarles
el juego. Es un rival muy difícil.

–¿Sigue sin existir más presión de la normal?
–Es genial jugar en casa. Para mí no hay nada negativo, al contrario, siento el apoyo de la gente y seguro que vamos mejor con ellos al lado. Contra Hungría, por ejemplo, necesitamos del público para hacer más presión al rival. Son un jugador importantísimo, tienen que hacer más ruido que ellos.

–¿Cómo está el grupo?
–Listo. Es verdad que contra Egipto no jugamos nuestro mejor partido. Perdimos concentración al final de los
ataques y recibimos demasiados goles. Pero hemos corregido fallos en defensa. Lo más importante es que estamos trabajando bien y que ganamos.

–¿Se escapa alguna imagen de la final en el Palau Sant Jordi con el oro?
–No podemos pensar en eso. Sería genial jugar una final del Mundial en casa, para mí sería la primera vez y sería magnífico. Pero no hemos terminado ni la fase de grupos.

–¿Qué se siente en ese segundo en el aire antes de lanzar?
–Yo debería pensar más a veces en ese momento. Sobre todo lo piensas antes del partido. Miras contra qué tipo de portero juegas y cuando llegas ya lo llevas un poco trabajado. A veces se falla como me pasó a mí contra Egipto. Igual la clave es no ir con tantas ganas. Yo sabía que me iba a levantar los brazos y, aun así, le lancé por encima.

–Valero Rivera se mostró un poco decepcionado con el rendimiento del equipo en ese partido.
–Siempre nos exige a tope. Y esa exigencia es la clave de su éxito en el Barcelona y desde que está en la selección. Tiene razón. No estuvimos tan bien como deberíamos.

–Pero de todo se aprende. 
–Por supuesto. Y sirve para que se hagan bromas después del partido.

–¿Así se distrae uno durante el tiempo que no se está en la pista?
–Nos juntamos en las habitaciones y hablamos, nos gastamos bromas, jugamos a las cartas. O nos vamos a tomar un café, vemos alguna película. Hay muy buen ambiente.

–¿Son las cosas que compensan de ser jugador de balonmano?
Yo me tuve que ir de casa con 19 años y ahora he tenido la oportunidad de volver con 28. Me perdí cosas, pero he vivido experiencias buenísimas, he viajado mucho, he sentido lo que es ganar. Se trata de una sensación única. La vida son sacrificios y yo, todo lo que he podido sacrificar, está bien invertido.
No me arrepiento de nada, he ganado más de lo que he perdido en la vida.

Versión ABC.es.

España se recrea ante Autralia (51-11)

Un asombroso 0-2 en el marcador iluminó la Caja Mágica en la tercera jornada del Mundial. Australia se sorprendía a sí misma con un arranque de partido a su favor. Valero Rivera Jr. les despertó. Solo era un espejismo.

España, muy superior sobre el papel, lo fue también en la pista. Un aplastante 51-11 no dejó lugar a dudas. Y, sin embargo, mañana (19.00 h, TDP) llega Hungría, el recreo se acabó.

El encuentro apenas tuvo historia. Dueña de principio a fin, la selección española hizo valer su altura y su mayor calidad. El balonmano de Oceanía todavía está muy lejos del nivel europeo. Y para el trámite, Valero Rivera dio entrada a los jugadores que menos minutos tuvieron en las dos primeras jornadas para perfilar a todo el grupo. Montoro, Ruesga y Antonio García suplieron con garantías a Aginagalde, Entrerríos y Sarmiento, de reposo en el banquillo guardando fuerzas para lo que queda todavía por llegar.

Fletcher y Mouncey intentaron llevar a los australianos hacia arriba, hasta que la defensa española salió a jugar
de verdad. Los contragolpes, demoledores, evidenciaron las carencias de los rivales, amateurs en su mayor parte, y ya al descanso el marcador reflejó un abultado 24-6. Nada cambió en la segunda mitad. Con una España al alza, cada acción defensiva era un robo de balón y cada ataque, un gol.
«Se cumplió el objetivo, probar las defensas y preparar a todo el grupo para el jueves ante Hungría», sentenció el seleccionador, incapaz de poner un pero a la exhibición española, que se gustó ante su afición y descansa hoy con las energías cargadas.

Versión ABC.es.

España supera la barrera egipcia (24-29)

Lo pronosticó Valero Rivera. Egipto no era un ensayo, sino una realidad de que el oro en el Mundial de España iba a resultar caro. Porque no fue el Egipto que se dejó hacer ante Hungría el sábado, sino el que venció con holgura a Serbia en el torneo de preparación. Con una defensa férrea y muy activa en ataque puso en aprietos a la selección española, pero supo reaccionar y una vez que encontró el hueco, aseguró los dos puntos y camina segura por la fase de grupos a la espera de los huesos Hungría y Croacia.

Volvieron los nervios, aletargados los brazos de los jugadores españoles en los primeros minutos en los que no
encontraron su juego. Incapacitados por un muro egipcio, menor en altura, pero gigante para proteger su portería y escurridizos a la hora de atacar. Costó hacer el primer gol, Egipto comenzó mandando en el marcador, pero los gritos de Valero Rivera llevaron la calma a los jugadores y la confianza a Sterbik.

Dos contras de Rivera Jr. marcaron el camino y la concentración en defensa hizo el resto para que el marcador diera la vuelta y al término de la primera parte (11-16) reflejara la superioridad que diferencia a ambas selecciones. Castigados los egipcios por un Aguinagalde que se convirtió en una pesadilla, mantuvieron sin embargo la intensidad en una segunda parte en la que volvieron a demostrar que ganar a Serbia no fue un error. Egipto se acercó en el marcador gracias a la efectividad de Mostafa, máximo anotador, y la debilidad española en la defensa, carente de la concentración necesaria.

Jugar con extremos
Tocó reconducir de nuevo la situación y el juego de los extremos fue la solución. Rocas desequilibró el encuentro a favor de España con el trabajo a la contra y sus cinco goles. Respiro para los de Valero Rivera que ya no dejaron más espacio a Egipto, incapacitado entonces de llegar con soltura y acierto a la portería de Sterbik.

Satisfecho con la victoria y los dos puntos se mostró el seleccionador, pero también concedió que queda mucho por pulir: «En la primera mitad hemos sabido tranquilizarnos y remontar, pero en la segunda nos faltó jugar más atrás, presionando más y la defensa uno contra uno nos ha hecho daño».
Hoy, a las 19.00 horas (TDP), toca Australia, último dulce antes de las pruebas de fuego húngara y croata.

Versión ABC.es.

España empieza fuerte el camino hacia el oro

11/enero/2013

El mejor balonmano del mundo lo estrenó España con una contundente victoria (27-14). Valero Rivera no quería sorpresas y la seriedad de su selección doblegó las ganas de una voluntariosa Argelia. En el primer paso hacia el oro, la anfitriona convence a la afición y marca el territorio a sus próximos rivales.
Nerviosos porque la cita merecía la mejor cara, los jugadores españoles salieron a la palestra convencidos de
su superioridad ante Argelia, gran ensayo para ultimar detalles y demostrar que no figuran en las apuestas
como favoritos al título solo por jugar en casa. Víctor Tomás desde los siete metros dio comienzo a la fiesta goleadora y José Manuel Sierra arrancó con sus paradas los mejores aplausos de una Caja Mágica que se divirtió, consciente de la cita histórica y de que lo mejor todavía está por llegar. Los argelinos mostraron su mejor versión en defensa, y por momentos fueron capaces de obstaculizar el juego de ataque del combinado nacional.

Sin embargo, pronto se vieron sobrepasados por la velocidad de los extremos españoles y por la efectividad de Tomás, Maqueda y Aguinagalde. Si en ataque los de Valero Rivera apenas tenían rival, en defensa se  mostraron como un muro. Con Sierra en estado de gracia, la falta de recursos del rival se multiplicó por cien porque el portero apenas tuvo fallos, dio una exhibición de reflejos y supo alentar al equipo para que pensara solo en el ataque. Él tenía los palos bien cubiertos.

Fiesta de goles
El reflejo de la gran superioridad de la anfitriona fue el marcador al descanso (14-5). Animados por el público que se divertía en la grada, los jugadores españoles salieron en la segunda mitad con la misma intensidad en ataque y con las mismas garantías en defensa. Había ganas de fiesta.

Eliminados los nervios del estreno, España se mostró intratable hasta que en los últimos minutos decidió bajar de velocidad. Solo entonces pudo Argelia desarrollar su juego y, gracias al trabajo de su portero Kerbouche y a los goles de Mokrani y Chehbour, evitó una derrota más escandalosa.

Arropados por una Caja Mágica de fiesta y con las felicitaciones del Príncipe Felipe tras el partido, que bajó a
los vestuarios para saludar a la selección, los de Valero Rivera se van de fin de semana con los primeros puntos en el casillero y la sensación de haber iniciado la senda hacia el oro con muy buen pie. «Estamos en el buen camino, pero no hemos hecho nada todavía », recordó Sierra al término del encuentro. Le refrendó el seleccionador nacional: «Estoy muy satisfecho con el trabajo de hoy, aunque se bajó la intensidad tras el descanso. Pero es un resultado muy bueno para empezar».
Lo es, sobre todo para que la confianza continúe ante Egipto el lunes y el martes contra Australia. El primer paso del camino hacia el oro es firme.

Versión ABC.es: aquí.