TWO LOVERS

Aceptamos. Junto a TOY STORY 3 y CANINO, TWO LOVERS se perfila como la tercera mejor película del año, sin duda.

A pesar de mis reticencias por el cartel, confieso que he vivido casi dos horas de pura magia cinematográfica. Especialmente, gracias a la interpretación de un soberbio Joaquin Phoenix con un difícil papel de perturbado/enamorado (lo mismo da), desequilibrado emocionalmente. Sus intentos (torpes, tiernos, adolescentes, inseguros, como los de todos) por seducir terminan por llevarle a decir directamente la verdad (algo que siempre he mantenido como la mejor de las opciones) a esa femme fatal con la que mantiene unas conversaciones de ventana a ventana puramente poéticas, inalcanzables. Comprendemos las palabras viendo la reacción del otro interlocutor mientras observa y se deja observar desde la otra ventana.

Porque las miradas en esta cinta lo dicen todo, incluyendo la de esa ex que se fugó y que mantiene su esencia en la habitación de Leonard, o esa madre que mira impasible desde la foto cómo su hijo, a quien adora, consigue besar a la que será su final menos malo, a su pesar.

También Paltrow se reivindica aquí como actriz con carácter y con facilidad para expresar los sentimientos que atesora por esa esclavitud autoimpuesta que es el amor (¿?) no correspondido del todo.
Escenas de amor y odio que se viven con la misma descarnada intensidad; dos actos, el del supuesto amor en la azotea y la despedida en el patio de la casa, duelen por igual, aunque por diferentes motivos.

Me quedo con la aceptación final de su derrumbe, allí sentado en el salón, en la fiesta de año nuevo en casa de esos padres que le temen, le protegen y le quieren a pesar de todo, mirando a la nada, con esa sonrisa bobalicona de quien lo ha perdido todo y ve su vida arrastrada hacia la mansedumbre, hacia la seguridad, evitando el riesgo que es lo que nos quema y nos mata, pero, qué duda cabe, a la vez nos mantiene vivos.

F: 4  B: 7

EL COLOR DEL PARAÍSO // RANG-E KHODA

Para aprender a ver la vida de otra manera, sin ojos, pero con el resto de los sentidos dispuestos a captar los colores, los sonidos, las esencias, los olores, los sabores, de una vida que se despliega a nuestro antojo como decía Serrat.
Mohammed nos lleva de la mano por esta cinta en la que nos dejamos arrastrar por su fuerza vital, por su angustia por descubrir cómo es la vida que nosotros vemos pero no disfrutamos. Mientras, él nos descubre otros ojos y otras miradas mucho más útiles que los nuestros.

La película, simple en su planteamiento, nos cubre de colorido. Deslumbrante la escena de la recogida de flores y el uso para tintar la ropa después.
Todos los actores, en general no profesionales, nos embriagan y giran y nos hacen girar en torno al niño protagonista. Todos nos enseñan a verle y a ver su mundo desde sus manos. Y es que toda la película es una lectura de principio a fin. Se leen los árboles, los animales, los sonidos, las palabras, los sentimientos no dichos, pero sí más que expresados, las caras, tiernas las de las niñas y la abuela, dura la del padre. Ese padre que es el único que no ve lo que le presenta la vida en forma de hijo que regala magia a cada momento. Un padre machacado por la vida que no quiere arruinársela más y deja de lado todo cuanto tiene de bueno hasta que es demasiado tarde. Las miradas del padre que lo dice todo sin hablar, de cuánto le molesta su hijo en el colegio, de cuánto daría por no tenerlo a su cargo, de las veces que desearía verlo lejos (en todos los sentidos) -ese movimiento de cámara mientras el niño se refresca en el río lo dice todo sin ninguna palabra-, cómo va perdiendo todo lo que ha intentado construir con barro y ramas.

Me sobra, aunque no molesta, ese dios que nos lleva a poner velas en una roca, ese que no nos deja ver el sol y encima luego nos rehúye, ese que se esconde en el braille del trigo, en la conversación de los carpinteros, en el pasador que se pierde en el charco, ese que nos rompe el puente o que deja una tortuga boca arriba.

Evitando el Momento lumínico final, no deja de ser, en cualquier caso, una película para ver de vez en cuando para que nos recuerde qué importante es ver el mundo desde lo que realmente importa. Sin moralina, pero con una gran fuerza que la música ayuda a elevar y la fotografía a que se nos quede en las retinas.

F: 4  B: 7

ESTA SÍ NOS UNE

Después de la gran aceptación que ha tenido una nueva bandera ejpañola, he decidido compartirla con todos los que leen este blog, y los que pasan por aquí por casualidad.

Creo que se evitaría cualquier problema regional, local y nacional si quitáramos todos los signos de uno y otro bando y designáramos este símbolo como unificador de todos los españoles.

Hale, a disfrutar… 

F: 4  B: 7

LOS DOS CABALLOS DE GENGIS KHAN // DAS LIED VON DEN ZWEI PFERDEN

Cine de autora en la senda de sus predecesoras. La historia de un viaje hacia el interior de la protagonista, hacia el interior de un país, hacia el interior de unas costumbres, hacia el interior de unas raíces, hacia atrás en el tiempo o hacia delante en la vida.

La cinta nos muestra una Mongolia rural en la que se adentra la protagonista para buscar una canción que se perdió en el tiempo y en el espacio. Y esa búsqueda le lleva a recorrer parajes para reflexionar, pensar, admirar y descubrir. Aunque puede que a la semana estés pensando que no difieren tanto de la meseta castellana, pero como todo lo que huele a exótico y lejano nos gusta más…

La música, los ancestros, la abuela perdida de Heidi en las montañas y ese té que se empeñan en llamar té cuando a mi me sigue pareciendo leche, la boda eterna, el compañerismo, las canciones de furgoneta… elementos que mezclan la ritualidad con la incipiente modernidad y que nos dejan una cinta para contemplar la majestuosidad de los caballos y de esas gentes que no dejan de mirar a cámara, pero, sobre todo, una cinta para pararte a saborear la música, el té, la leche de cabra, la amabilidad, los paisajes, el río, los recuerdos, un violín y unas palabras perdidas que no hacen falta para sentir su fuerza y su magia.

Para saborear tranquilamente en una terraza tomando un té. ¿Qué más?

MI REFUGIO // LE REFUGE

A François Ozon lo tenía vetado desde que pagara 6 euros por ver “8 mujeres”. Pero, en mi estado actual de equilibro fraggleliano he decidido que nada ha de estar prohibido en mi vida, y menos a lo que séptimo arte se refiere. Por lo menos, por ahora. Así que he vuelto a Ozon. Y he vuelto a caer.

MI REFUGIO comienza con una escena “normal” entre dos yonkis y a los cinco minutos, una muerte que deja una vida es el motivo de arranque de la verdadera historia.
La actriz, embarazada de verdad para el papel, comienza una nueva etapa en una idílica casa junto a la playa. Allí se descubre a si misma rechazando a todo el mundo cuando en realidad busca el contacto humano sin quererlo.
La interpretación, bellísima (ella, más), pero en cierto sentido, hay momentos que ya hemos visto, y aunque no los hayamos visto en algunos momentos, nos los podemos imaginar.
Pero no es un comentario negativo, o, por lo menos, no demasiado. Me gusta que me cuenten las mismas historias con un toque distinto. Y esta, tiene esos momentos tiernos, bien rodados y con la sensibilidad justa.
Pero, los personajes van apareciendo sin que sepamos por qué y no llegamos a comprenderlos del todo. Ni los comentarios del hermano, ni la historia con el repartidor. No me han aportado nada, ni los personajes ni la trama avanzan lo  más mínimo con ello.

Pero, sobre todo, mi mayor “pero” es ese final que rompe absolutamente con todo lo que nos han estado contando hasta el momento.
No he podido comprender esa última decisión (y ese plano final tan manido) que se dibuja en cuanto se abre la puerta, y que resulta chocante, incongruente con la vida relajada y, aparentemente, placentera, que Mousse compartía con el hermano de su novio muerto y la vida que va dando forma con sus manos o las de otro.

Quizá es que confiaba en arrepentirme de no haber visto las anteriores de Ozon, pero la película me rompe con ese final y eso ha hecho que las buenas expectativas que se iban dibujando, hayan quedado sepultadas en un sabor ni dulce ni salado, extraño, ajeno, pero con intención de seguir cayendo en las historias de Ozon, a ver si le sale ya una redonda del todo.

Seguiremos buscando.

F: 4  B: 7

CARAMEL

Acaramelada, como su título. Así puedo definir la película que he visto hoy.
Quizá por abarcar tanto, la directora ha dejado pasar muchas y muy interesantes historias que solo se han quedado en meras líneas argumentales que te dejan insatisfecho.
Historias de amores y desamores, hacia otra persona o hacia una misma, recién estrenadas o alargadas en el tiempo, amores jóvenes o maduros, reunidos todos en una peluquería disfrazada de terapia social.
Amores que se insinúan lésbicos, amores trillados de hombres que nunca dejan a sus mujeres, amores imposibles a través del cristal de una cafetería, amores lejanos por sentirnos jóvenes de nuevo, amores prohibidos con consecuencias quirúrgicas, amores maduros que terminan siendo imposibles, amores locos por alguien de otra época más lúcida.
La directora/actriz sobrevuela las miserias humanas de estas mujeres sin llegar al fondo de ninguna de ellas. Se acerca, pero quizá como espectadora esperaba más profundidad, echo de menos que se adentre de lleno en la verdadera singularidad de la vida de estas mujeres.

En cualquier caso, la cinta deja un sabor de boca dulce, como el caramelo que utilizan para la depilación. Sin grandes pretensiones, pero cuidando a las féminas, la película gana espectacularmente con la historia de la tía Rose. Sublime su actuación, cómo su mirada se torna alegre, juguetona e infantil con la llegada de todo un caballero a su tienda y a su vida. Y cómo las lágrimas se juntan con un maquillaje inútil en, para mi, la mejor escena de toda la película. Junto a su hermana, la otra gran protagonista de los mejores momentos del film.

Sin nada más que argumentar, como la misma película.

F: 4  B: 7

SOMERS TOWN

La amistad se encuentra en los lugares más inesperados y puede estar protagonizada por los personajes más aparentemente opuestas. Esta es la lectura que se saca de una película como SOMERS TOWN donde, Marek, un adolescente polaco inmigrado a Inglaterra, trata de vivir su vida con sencillez, a pesar de la constante confrontación con su padre. A base de trabajar sin cuestionarse nada y esa timidez que solo disimula cuando dispara con su cámara fotográfica, Marek trata de pasar los días lo mejor que puede y lo mejor que la situación del país le deja.
Por su parte, Tomo, un chaval que se aleja de su familia y comienza una errática e incierta nueva vida en Londres, trata de sobrevivir a los días sin dejar de lado ese ímpetu y descarado de quien no tiene nada que perder y sí todo por alcanzar.

Poco a poco nos acercamos a los personajes, su mundo y su visión del mundo, con sus amores, sus peleas, sus triunfos y sus fracasos. Dos vidas distintas que buscan lo mismo y que acabarán encontrándolo en una convivencia extraña, pero que les une como si se hubieran conocido desde siempre.

Situaciones desternillantes, llenas de alegría vital, sin complejos y con una mirada puesta en un futuro más esperanzador, la cinta es un canto a la vida más allá de situaciones políticas y crisis económicas. En Inglaterra o en cualquier país donde la inmigración se apuntó al carro de las nuevas oportunidades y ahora nos encontramos todos bajo el mismo incierto final.
Un final, el de la película, que nos llega como una ráfaga de aire nuevo y esperanzador, con dos adolescentes que descubren el mundo de color que les puede estar esperando a la vuelta de la esquina, o al final del trayecto.

Y todo en unos perfectos 70 minutos que cuentan lo que es necesario y evitan lo que podría haber convertido la historia en un dramón sensiblero. Nada que quitar y nada que poner para que la historia llegue, los personajes se hagan tiernos y familiares, sus dilemas, humanos y cercanos y nos transmitan su alegría por seguir viendo el lado positivo de la vida.

F: 4  B: 7